Sobre verse capaz

Este tema vino a mi mente como artículo para la web haciendo un puré de calabaza. Tenía un bloqueo con el puré de calabaza. Me encanta la calabaza y el puré de calabaza, su sabor y que sea tan fácil hacerlo porque, en mi versión de “cocina esencial”, basta con la calabaza hervida para que sepa riquísimo, a calabaza sin más. A los detractores de la “cocina esencial” les digo que la calabaza no necesita nada más, es perfecta en su autenticidad.

 

¿Pero a qué venía entonces lo de verse capaz? Pues a que durante mucho tiempo no me veía capaz de pelar una calabaza -y no debo ser la única porque la venden cortada en bandejas-. Pelar la calabaza era esa traba insalvable para poder extraer el néctar de su interior.

 

Siempre esperaba a que llegara alguien que supiera pelar calabazas para poder comérmela. Hasta que un día ese alguien me dijo que no era tan complicado, que podía hacerlo. De hecho, me dio dos indicaciones y pude hacerlo inmediatamente. Y desde entonces pelo calabazas siempre que quiero regodearme en ese olor con el grado justo de dulzor.

 

Y cada vez que pelo una calabaza y puedo olerla y pensar en por qué no harán perfume de calabaza, me doy cuenta de lo poco que me había impedido poder hacerlo durante tanto tiempo. Aquella piel no era ningún abismo insalvable y, sin embargo, lo era en mi cabeza porque en el pasado lo había intentado con un mal instrumento.

 

La piel de la calabaza es como esa creencia que nos sabotea cuando queremos hacer algo pero está de fondo tendiéndonos una especie de red imaginaria que nos frena. Seguro que lo habéis sentido alguna vez. Los que creen que son impuntuales se dicen a sí mismos que van a llegar pronto pero en el último segundo su creencia busca algo que se lo impida. Los que creen que son personas de dejar todo para el final o que trabajan mejor bajo presión, tienden a procrastinar para darse la razón. Los que creen que no son capaces de hacer algo, que no están preparados, no lo hacen, e incluso cuando se proponen hacerlo, algo les empuja hacia atrás, como un aspirador de aspiraciones que les quisiera atrapar también a ellos.

 

Sin embargo, a favor de las creencias hay que decir que no son indelebles, que se pueden cambiar cuando se detectan y se ponen los medios para ello. Para muestra, una calabaza. Que nos recuerda que lo mejor está dentro, que una vez que te sientes capaz, que te crees capaz, que eres capaz, accedes a un brillo que el exterior no mostraba.

 

Ejercicio para trabajar creencias que te frenan

Dicho esto, hay un ejercicio sorprendentemente revelador para detectar creencias que te están bloqueando cuando quieres conseguir un objetivo. Un ejercicio que complementa al de intentar estar presente: observar tus pensamientos y lo que te dices, tus reacciones físicas, las sensaciones, o las emociones que se te despiertan en determinadas circunstancias (de esto escribiré también otro día).

 

Este ejercicio para detectar creencias limitadoras lo encontraréis íntegro en el libro Coaching con PNL, de Joseph O’Connor y Andrea Lages, pero os comparto la esencia. En primer lugar piensas en un objetivo, algo que quieras conseguir, intentando formularlo de la forma más concreta posible. Para ello la pauta de los objetivos SMART te ayudará.

 

Un objetivo SMART es específico, medible, realizable y limitado en el tiempo. El ejemplo típico de objetivo inespecífico (y recurrente) es el de “quiero adelgazar”. Si le pasas el filtro SMART, podría ser: quiero adelgazar un kilo en un mes. Si pusieras 20 kg.en un mes no cumpliría el requisito de ser alcanzable o realizable, por ejemplo. Y si no dijeras cuánto o en cuánto tiempo, tampoco.

 

Una vez que tienes el objetivo definido, rellenas cada una de las frases a continuación con tu objetivo y puntúas del 1 al 10 cuánto la crees. 1= no me lo creo nada 10= Estoy convencido. Allá van, coge papel y lápiz y conecta con tu yo más sincero:

 

1. Me merezco alcanzar mi objetivo de… (adelgazar un kilo en un mes)

¿Cuánto lo crees del 1 al 10?

2. Tengo habilidades y la capacidad necesaria para alcanzar el objetivo de…

¿Cuánto lo crees?

3. Es posible alcanzar mi objetivo de…

Lo creo un…

4. Tengo claro mi objetivo de…

Esto un…

5. Mi objetivo de… es deseable

Me apetece, lo quiero, es positivo un…

6. Mi objetivo de… es ecológico (no sólo compatible con el medio ambiente sino con tu medio ambiente, con tu entorno más cercano)

Creo que un…

7. Mi objetivo de… merece la pena

Merece la pena un…

 

¿Has llegado hasta aquí parándote en cada una y respondiendo no sólo de cabeza sino también de intestino? Si no, siempre puedes repasarlo ahora. Una vez lo hayas hecho, revisa qué creencias tienen una puntuación inferior a 7. Ahí puede haber una creencia limitadora.

 

Si esto mismo lo haces con la ayuda de un coach, puede acompañarte a indagar más, verificar si tu lenguaje corporal o tu tono de voz, etc. parecen coherentes con la nota y ayudarte a buscar en ti respuestas para saber qué es lo que te hace creer o no creer en ello. Pero incluso haciendo este ejercicio tú solo, puedes obtener pistas de por dónde van los bloqueos.

 

Para conseguir un objetivo es importante que creas tres cosas: 1, que es posible; 2, que lo mereces y 3, que eres capaz de alcanzarlo.

 

Pero, una vez detectadas, ¿cómo convertir esas creencias limitadoras en creencias nuevas? Hay múltiples ejercicios y propuestas para hacerlo (algunas de escritura muy interesantes), pero coinciden en la afirmación de que para cambiar una creencia, en lugar de decir no me la creo, lo que necesitas es buscar una creencia en la que sí puedas creer y que la sustituya.

 

Puedes buscar en tu experiencia pasada, situaciones en las que sí has sido capaz, por ejemplo, ante una calabaza -es una anécdota, una metáfora, pero puedes buscar ejemplos mucho más potentes como un parto o todo lo que viene después, sin ir más lejos-. Situaciones o experiencias que desmientan esa creencia, o incluso modelos externos, gente que sí lo ha conseguido. Y revisar qué te hace creer que no la mereces y qué te dirías al respecto si fueras tu propia hija o tu mejor amigo.

 

Se trata de que la afirmación que busques para sustituir a la creencia limitadora, sea una que puedas creerte, te dé alas y te libere, una creencia que apague el aspirador de aspiraciones de una vez. Que te permita creerte una persona capaz y merecedora y hacer así posible eso que quieres para tu vida. Ya sea un puré de calabaza, un libro o una visita a la naturaleza a la semana.

Os dejo la nota del libro por si os apetece seguir indagando: Coaching con PNL, Joseph O’Connor y Andrea Lages. De la editorial Urano.