Zonas de genio

 

Tu zona de genio es una expresión que me encanta. Transmite mucha confianza: hay un lugar en el que eres un genio, tal vez en la baldosa de al lado pases a la normalidad, pero en ese espacio estás en tu salsa, todo se vuelve más fácil, el tiempo más rápido y a la vez más denso, de la densidad de un chocolate a la taza, disfrutable.

Hay lugares de genio para todos. Lugares que pueden ser muy precisos, muy únicos, combinación de los ingredientes que te configuran también a ti: los que venían de fábrica, los que se incorporaron con tu historia, los que aprendiste. Y, a parte de hacerte sentir cómodo, ese lugar sirve para entregarle a otro algo que a ti no te costó pero que a él se le hace un mundo. Y eso puede hacerte sentir muy útil y a la vez, por qué no, un poco genio, por un rato, por unas baldosas al menos.

 

¿Cómo localizar esas baldosas?

Localizar esos lugares a veces está muy claro, lo llevas sabiendo desde niño, te lo llevan diciendo toda la vida. Para otras habilidades puede que no sea tan obvio, pero suele ser cuestión de escucharse, de darse cuenta de en qué momentos el tiempo fluye y nos llenamos de energía, frente a otros en los que nos inunda una pereza titánica al abordar una tarea. Y también es cuestión de escuchar a otros, de aceptar que nos digan qué bien se nos da algo, de creerlo, de pensar en cómo les estamos siendo de ayuda.

Si estás buscando esa zona de genio, eso que puedes aportar al mundo, eso en lo que puedes llenarte de energía incorporándolo a tu vida, piensa en algo en lo que seas muy bueno, con lo que disfrutes. Algo para lo que te piden ayuda, algo que los demás agradecen que hagas por ellos sin que te cueste demasiado esfuerzo. Y luego ponte a bailar como si te hubiera entrado la fiebre del sábado noche (no en la acepción que nos viene a la mente a los que tenemos hijos, en la otra, la de la foto).