La vida o el calcetín a medias

 

 

La sensación de estar viviendo una vida con la que no acabas de encajar es, cuanto menos, desagradable. Algo así como caminar con un calcetín que se te ha bajado hasta debajo del talón por dentro de la bota. Te has dado cuenta, no estás cómoda, pero no te vas a parar en medio de la calle a descalzarte y estirarte el calcetín hacia arriba para que esté justo donde quieres que esté y te deje de rozar el zapato… Eso piensas, que no puedes pararte. 

Lo de que no está bien descalzarse en medio de la calle es una creencia como otra cualquiera, yo no la critico. De hecho, la compartí durante un tiempo. A lo mejor nos lo dijo un adulto cuando un día nos descalzamos en medio de la calle justo por el mismo problema. “No te descalces ahora, hace frío, el suelo está sucio, tenemos prisa, aguanta un poco hasta llegar a casa”.

 

Está bien, pero qué pasaría si de pronto dijeras: “Ya sé que no es cuestión de vida o muerte, pero ¿de verdad que no puedo ponerme bien el calcetín, que me está amargando todo el camino y que hará que acabe con una herida en esa parte del pie en la que siempre se hacen las heridas provocadas por zapatos que anteponen todo a que estemos bien?” Es más, podrías enfatizar esta pregunta pronunciado a continuación una expresión popular como: “¿qué me estás contando?”. 

 

Pues lo mismo con la vida. Cuando sientes que la vida que estás viviendo no encaja contigo, porque te falta algo pero no sabes qué es, porque hay una incoherencia con lo que de verdad te importa, con quien eres, con tus valores y prioridades. Cuando sientes que vives a medias o desconectada porque que hay algo más pero no sabes qué es, quizás te gustaría estar dedicándote a otra cosa, o sacas tiempo para hacer lo que tienes que hacer pero no lo que quieres hacer, porque eso es opcional y quién sabe si hasta un capricho egoísta… es como cuando no te das el permiso de pararte en medio de la calle a ponerte bien el calcetín. Y lo malo es que también esto acaba haciendo herida.

 

¿Cómo subirnos la vida hasta arriba para que no nos roce? Ahora es cuando viene la decepción, porque a pesar de un texto con un tono tan vehemente que ni me reconozco pero que se me ha pegado de ver a un famoso estupendo, al que seguro que no se le bajan los calcetines, hablando sobre todo el potencial que llevamos dentro: no sé la respuesta en su totalidad. 

Lo que sé es que, con el calcetín:

  • si te paras es más fácil 
  • si te sientas, también
  • si te das unos minutos, más aún
  • si empiezas a cuestionarte que realmente sea importante lo que un desconocido que pasa por ahí piense de tu pie descalzo, diez puntos más
  • si eliges que no es ni medio normal llevar el calcetín por debajo del talón y ni siquiera plantearse que lo que un día creíste puede ser desterrado y sustituido por algo nuevo, vas muy bien
  • si encuentras la motivación suficiente para todo ello, diría que casi lo tienes

 

¿Pero no estábamos hablando de la vida? Aplica lo mismo, quizás podríamos invertir el orden:

  1. encuentra una motivación que te ayude a plantearte qué quieres cambiar y porqué. ¿Cuántos motivos habría para que cambiaras algo en tu vida? ¿Qué mejoraría? ¿En qué ganarías tú y tu entorno? ¿Cómo te sentirías?
  2. cuestiónate todas esas frases que un día oíste y que te dicen que lo normal es vivir a medias, al menos hasta llegar a casa (puede que esas frases estén al mismo nivel de “es necesario esperar dos horas para bañarte tras ingerir un trozo de melón en la playa”)
  3. muy fácil decir el punto 2, pero ¿cómo se hace? Escribe todo lo que crees que justifica que te sientas viviendo a medias. Por ejemplo: ¿acaso hay otra forma de vivir? ¿tú qué te crees, que yo he sido feliz? Nadie se siente pleno si tiene que trabajar para ganarse el pan. Es más importante todo lo que necesiten los demás que lo que tú necesites, eso, definitivamente, no es importante y puede quedar relegado a ese momento en el que ya no queda tiempo. No sé, por empezar sólo con algunas. Seguro que, si te pones, te saldrán unas cuantas.
  4. vale, ¿y qué hago con esto? Primero piensa si hay alguna creencia alternativa que pudiera sustituirlas. Alguna creencia que te ayudara a vivir más a gusto, más alineada con lo que sientes que eres y quieres ser y que, además, se haya demostrado cierta en algunos casos. Busca hechos que la avalen, igual que buscarías testimonios de gente que se bañó a los 5 minutos de comerse un trozo de melón y sigue, sorprendentemente, entre nosotros. Te doy una para que la pruebes como antídoto: “mereces vivir una vida plena, alineada con quien eres, con lo que para ti es importante, disfrutando y entregando lo que más te enciende”. ¿Cómo encontrar hechos que avalen esta afirmación? ¿Sería válida para ti, por ejemplo, si se la dijeras a alguien a quien quieres de verdad, para quien quieres lo mejor, como una hija o un hijo?
  5. En este punto es cuando decides que te paras, que te paras a ponerte bien el calcetín. Entonces escuchas qué es lo que de verdad quieres de la vida, lo que de verdad te apetece sacar de dentro de ti. Lo que te encantaría compartir con el mundo. ¿Cómo sería un día en una vida vivida plenamente?
  6. Con lo que descubres, empiezas a actuar. Empiezas a cambiar cosas, pequeñas al principio, como subirte el calcetín cuando se te baja en medio de la calle. Pequeñas cosas como dedicarte un rato para tomarte un café a solas mientras escribes o fijar una cita semanal (aunque sea virtual) para reírte con quien más te hace reír, o encontrar el momento para hacer eso que te encanta y hasta se te da bien, aunque nadie te pague por ello (al menos por ahora), o hacer un curso relacionado con lo que siempre quisiste hacer, o meditar o empezar un diario de gratitud, que te ayude a ver también lo que sí encaja, lo que vale la pena valorar porque también eso supone un cambio enorme.
  7. En definitiva, darte lo que necesitas como le darías agua a una planta o sol o sombra, dependiendo del tipo. Estas acciones derivan en cambios cada vez más grandes, más relevantes, porque te van acercando a una vida donde escoges de forma más consciente lo que quieres. Puedes incluso visualizar a menudo cómo es esa vida que te imaginas plena y ver cómo, progresivamente, a base de pararte y estirar hacia arriba, te vas acercando a tu utopía.

Empiezas a caminar a gusto sobre tus pies cubiertos por ese tejido que está en su sitio, que se siente en su sitio y tú también empiezas a sentir que lo estás.