¿De dónde proviene mi insatisfacción?

Es muy habitual que nuestra insatisfacción -la que no deriva de no tener las necesidades básicas cubiertas- provenga de no estar respetando lo que para nosotros es importante. Y también que el no respetarlo venga de no saber realmente lo que para nosotros es importante. Libertad, seguridad, amor, paz, excelencia, respeto… ¿En qué orden estaríamos dispuestos a renunciar a cada uno de estos valores? ¿Podemos vivir en coherencia con ese orden en nuestro día a día? 

 

La primera persona que me propuso hacer una lista de valores y prioridades fue mi padre, en uno de esos momentos de insatisfacción laboral en los que no estaba bien pero no tenía ni idea de por dónde tirar. Le tuve que pedir que me repitiera varias veces cuál era la diferencia exactamente entre unos y otros hasta asimilarlo e hice la lista, pero en ese momento creo que no acabé de sacarle todo el partido posible y volví a ella muchas veces después. 

 

Básicamente se trataba de saber qué era lo verdaderamente importante para mí, para estar bien, cómo necesitaba vivir para estar a gusto, de acuerdo a qué valores esenciales: ¿libertad, respeto, creatividad, pasión, aprendizaje …? Una vez listados, la gracia era detectar cuáles de esos valores fundamentales para mí no tenían un espacio en mi vida, incluso en contra de cuáles estaba yendo. No fue fácil, porque, como todos, me hubiera quedado con todos, pero no todos son igual de importantes para uno. Ordenarlos es otro reto. 

 

Muchos años después, conocí los estudios de Simon L. Dolan, catedrático de ESADE, que ha ahondado en esta cuestión e incluso ha desarrollado un juego para ayudarnos a detectar nuestros valores, una metodología que utilizo con adaptaciones en los procesos de coaching, tanto personales como de equipo. Estar desalineado con estos valores genera estrés y mucha insatisfacción. De hecho, cuando estás insatisfecho, ya sea profesional o personalmente, y no sabes por dónde tirar es uno de los primeros lugares a los que mirar.

 

Cuando sabes qué es importante para ti, puedes empezar a tomar acciones alineadas con eso, por ejemplo, buscar trabajos que encajen con ello o proyectos complementarios a tu trabajo “alimenticio” que te ayuden a ponerlos en práctica. La gracia es cómo saber qué es de verdad importante para ti y qué puntos de conflicto existen, ahí entra el proceso de escucharse y hacerlo de formas que te revelen más información de la que tendrías si te pusieras a hacer la lista sin más. Escritura, coaching, mindfulness… se complementan para ayudarte a conocerte mejor. 

 

Algunos ejemplos muy sencillos para bajar a tierra de qué forma podrían estar en conflicto con tus valores en el ámbito laboral: 

 

Aunque en la infancia oyeras el mensaje de que lo importante es tener un trabajo que luzca y lo consigas, si para ti es más importante la libertad que el estatus, una vez que tengas ese trabajo, si te priva de la libertad que necesitas, seguirás sintiendo que te falta algo porque eso no era para ti lo importante. 

 

Si para ti es más importante la seguridad que la libertad, preferirás trabajar o vivir en un entorno de normas claras y chocolate espeso. Pero si no lo sabes o no lo escuchas, puede que te sientas inestable o ansioso sin tener claro de dónde viene. 

 

Si para ti la armonía es más importante que la realización profesional, preferirás estar en entornos de paz y cordialidad a estar en un entorno hostil pero donde haces exactamente lo que te gusta. Y lo mismo, al revés, si tu orden es el contrario. Por eso aunque alguien te diga: ¿de qué te quejas si tu trabajo es exactamente lo que querías? Tu puedes sentirte totalmente amargado porque el ambiente laboral es todo lo contrario a armónico. 

 

¿Y las prioridades? Sí, esa lista también es importante. ¿Qué prioridades tengo en este momento? Y la parte final es clave: “en este momento”. Familia, profesión, estabilidad económica, mi expresión creativa… Está bien saberlo también para dejar de fustigarse por no poder atender a todo al mismo nivel. Siempre estamos priorizando, pero estas prioridades pueden cambiar y volver a cambiar y, si no somos conscientes de cuál es el orden ahora, la presión por llegar a todo a nivel de 10 puede ser muy asfixiante. 

 

A veces basta con ponerle una fecha a ese orden, durante un año mi prioridad será la estabilidad económica pero, una vez la consiga, volveré a priorizar dedicarle tiempo a expresarme creativamente. O bien, ahora necesito focalizarme en mi profesión, no dejo de querer a mi familia, pero sé que tendré que hacer esfuerzos extraordinarios en ese sentido, pues si es lo que quieres, una vez que lo aceptas, se reduce la culpa a la mitad. 

 

Y lo mismo si lo que te apetece ahora es priorizar estar con tu familia y la priorizas a la intensidad profesional. Importante: no estoy hablando aquí de que todo te empuje a ello porque la conciliación no exista, que es algo muy diferente, sino de elección. Si todo te empuja a ello, justamente no estás bien porque estás teniendo que renunciar a algo que para ti es importante. 

 

Una propuesta para trabajar con todo esto:

1. Prueba a hacer tu lista de valores. Una lista de 10 en la que los ordenes de más a menos importancia, es decir, si tuvieras que renunciar uno a uno a cada uno de ellos, ¿cuál sería el último en caer?

Esto ya es interesante, pero, si quieres ir más allá, invita a cada miembro de tu familia (las listas de los hijos e hijas son alucinantes) o a cada compañero de piso a hacer su lista para encontrar luego los valores en común para esa casa (es equiparable a un equipo de trabajo). Los debates que se generan en torno a qué significa cada valor para cada uno también son muy interesantes.

2. Intenta detectar si están presentes en tu día a día y cómo. Si hay alguno que falla, ¿de qué se trata? ¿Qué valores que para ti son importantes no tienen espacio en tu vida en este momento?

3. Una vez que lo detectes escribe ¿qué podrías empezar a hacer para poner en acción tus valores, para vivir más alineada/o con ellos? No hace falta que sean acciones dignas de entrar en los objetivos del milenio, como decía el Capità Enciam (un súper héroe de la ecología de nuestra infancia): “los pequeños cambios son poderosos”.

 

Una vez que pones orden a esas dos listas, la de valores y prioridades, es mucho más fácil tomar decisiones y detectar también de dónde proviene tu insatisfacción en algunas áreas de tu vida.

¿Es inaceptable la insatisfacción? No, tampoco, pero ¿a quién le amarga un dulce? Si puedes estar mejor gracias a conocerte mejor y respetar tu naturaleza, igual que respetarías la de una planta que necesita más luz o menos, o más agua o menos, en lugar de forzarla a ser quien no es, las posibilidades de marchitarte se reducen también. Y ahí vamos, a intentar vivir floridos en la medida de lo posible, sin forzar, justamente sin forzar, porque las flores no fuerzan, sólo son lo que son y ahí está la gracia. 

 

En los procesos de coaching o en los talleres, después de haber conectado con tu utopía, con tu visión de lo que para ti sería el paraíso en la tierra -algo muy placentero y recomendable-, pasamos a este trabajo con valores y es una de las partes más reveladoras, tanto en los procesos personales como en los de equipo. 

 

Si te apetece conocerte mejor y darle espacio en tu vida a lo que para ti es importante, puedo acompañarte en un proceso de coaching que te ayudará a saber qué quieres y cómo empezar a conseguirlo.  

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