Tomar decisiones o Llámame Inercia

Hay decisiones grandes y decisiones pequeñas, pero ninguna tan suave como Inercia. Subirse a ella es como subirse a una de esas pasarelas automáticas del aeropuerto que te permiten avanzar más rápido de una a otra puerta de embarque. ¿Te acuerdas de cómo era caminar en esas pasarelas blanditas, en las que los pasos rebotaban sobre la goma si pisabas muy rápido? Pues así es Inercia. Y además tiene el mismo efecto sobre el tiempo, de pronto estás aquí y cuando vuelves a levantar la vista ya estás en la otra punta. Atrás quedaron las bifurcaciones ante las que teníamos la opción de decidir. 

Ante las decisiones pequeñas, Inercia tiene muy a menudo la batalla ganada. Son tan pequeñas… aunque tan frecuentes también. Un ejemplo rápido: ¿hacia dónde dirijo mi atención? ¿móvil o libro? ¿volver a domar el desorden que me rodea o relajarme un momento con la niña que se me ha pegado a la pierna? ¿cuántas veces decido realmente y cuántas me deslizo sobre Inercia?

Muchas veces no hay ni tiempo de saberlo, algo llega y me arrastra de la mano, se lleva mi atención sin preguntar: un mensaje o un circulito rojo en un icono del teléfono, bastan para que, por ejemplo, la pequeña decisión de mirar la hora en el móvil quede sumergida de una forma imperceptible. Yo había sacado el teléfono del bolso para eso, para saber la hora, pero mi atención ha sido arrollada, he vuelto a guardar el teléfono, no sé la hora y tampoco me acuerdo de que quería saberla. Inercia sonríe.

Ahora las grandes decisiones: ¿a qué quieres dedicar tu vida laboral? ¿te gustaría ser madre/padre? ¿quieres vivir en otro lugar? ¿hay algo que te gustaría hacer sí o sí?

Con las grandes decisiones, cuando te descuidas, puede ser que cuando vuelvas a querer saber la hora, se te haya pasado media vida, es como si la pasarela automática -también llamada Inercia- cogiera carrerilla. Vas tan rápida allí subida que hasta el paisaje es borroso a los lados y así ¿quién puede ni siquiera ver la opción de decidir?

 

¿Cómo superar a Inercia? Algunas instrucciones

Tampoco siempre, tampoco para todo, pero sí en algunas áreas de nuestra vida, en aquello que nos incomode. Y, sobre todo, para las grandes decisiones. 

 

1. Mirarte los pies y comprobar si es ella quien te lleva

Revisa lo que estás haciendo. ¿Estás ahí sin saber muy bien cómo has llegado o cómo puede ser que lleves tanto tiempo allí? ¿Es lo que harías si te pudieras parar a escoger? Puede que no puedas escoger inmediatamente, pero, si pudieras, ¿qué escogerías?

 

2. Practica a saltar barandillas bajas

Esto es: prueba a tomar consciencia de las pequeñas decisiones que tomas cada día. ¿Son tuyas? Aun si lo son, puedes volver a planteártelas, sin dejarte llevar por lo que se ha hecho siempre, por lo que los demás esperan, por lo que tú misma hiciste ayer o empezaste a hacer hace 10 o 20 años.

Salta la pequeña barandilla de plantearte si realmente quieres el cortado de siempre o el cuerpo te pide otra cosa. La pequeña barandilla de cenar a las 21h. o a las 19h., que es cuando tienes hambre con mayúsculas (sabemos de qué hablamos, ese agujero negro que se abre en el estómago al atardecer). La pequeña barandilla de decidir cuándo miras el móvil y qué miras. 

 

3. Confía en que sabes andar fuera de la plataforma acelerada

Tienes autoridad para tomar tus propias decisiones, de hecho, eres la única autoridad, de “autora”. Creadora de una parte de tu vida única e intransferible. Tienes posibilidades que ni siquiera puedes conocer ahora, hasta que no avances unos pasos… y no eliges todo, claro, pero sí mucho más que cuando vas sobre Inercia.

 

4. Reconecta con tu agilidad interior y salta finalmente la barandilla

O lo que es lo mismo, párate, baja un momento el ritmo, deja que el paisaje se vuelva más nítido. Baja el volumen del ruido exterior, escúchate. Escúchate con todo, con todo el cuerpo (incluida la cabeza). Escúchate con todos los cerebros que tengas a tu alcance (no externalizados sino dentro).

 

5. Ya con los pies en tierra firme, recurre a todo lo que tengas a tu alcance para avanzar en la dirección (esta vez) elegida

Si necesitas ayuda con la parte de escucharte, de saber qué quieres, recurre a la escritura, a la literatura, al mar, a la cocina, al coaching, a la meditación, a lo que a ti te sirva y hazlo.

 

6. Disfrútalo

Hay cosas que cuando se saben, se sabe que se saben, porque están alineadas con lo que somos y lo que queremos, y ésa sensación es maravillosa para seguir andando.

 

PD: No tengo nada contra Inercia, si no no la compararía con esas pasarelas que tanto se agradecen cuando vas con prisas. Esto es sólo una invitación a bajarse por momentos, sobre todo si notamos incomodidad, inquietud o que necesitamos, definitivamente, poner un pie en el suelo para volver a conectar con la raíz, con la esencia. Si quieres profundizar más, conectar con lo que quieres y ralentizar el paisaje acompañada, no dejes de mirar esto

PD2: Si quieres empezar a actuar para cambiar algo en tu vida, también puedes pedir una sesión de valoración gratuitaaquí, de la que saldrás con opciones para empezar a andar.