Escritura de viernes y la siesta

En el viaje de este verano, en el que hubo bastantes horas de coche, de vez en cuando una niña de 4 años preguntaba: “¿volveremos a pasar por este sitio?”

Al principio respondíamos con dudas, desde el asiento de delante, “bueno, tal vez, nunca se sabe…”. Cuando estás de viaje es fantástico pensar que tal vez nunca volverás a ese lugar para intensificar el valor de la experiencia. Estarás en otros, asistirás a otras escenas, todo nuevo siempre.

Por eso mismo, cuando alguna vez regresas, parece casi un milagro, algo insólito, una especie de viaje en el tiempo. Nos pasó en varias ocasiones esta vez.

El caso es que la niña lo preguntaba muy a menudo, hasta que nos dimos cuenta de que siempre coincidía con el momento antes de dormirse en el coche. “Si vamos a volver a pasar, me duermo. Si no, sigo despierta, no me voy a perder ni este tramo de autopista…”. Ése era el razonamiento.

Al entenderlo, nuestras respuestas pasaron a ser contundentes, para facilitarle conciliar el sueño, claro: “Sí, por supuesto, volveremos a pasar otro día, puedes dormirte”.

Algo así pasa en la vida, cada día, decidimos mantenernos despiertos o adormecernos en función de lo extraordinario que consideremos lo que tenemos delante.

Nos adormecemos hasta tal punto que a veces olvidamos incluso a dónde íbamos, porqué, en qué momento dejó de parecernos extraordinario lo que nos rodeaba, en qué momento nos alejamos de esos ojos tan abiertos.

Cuando nos hacemos estas preguntas es que volvemos a estar despiertos, pero la sensación es equiparable a la de esas siestas que te pillan de improvisto, como si el sueño te hubiera robado unas horas sin tu consentimiento. “¿Cuánto he dormido? ¿Diez minutos, tres horas?” Por suerte la infancia se encarga de lanzarnos agradables jarros de agua fría de vez en cuando.

PD: el coaching, la escritura o el mindfulness no son equiparables a los razonamientos de ninguna niña despierta, pero sí que tienen la capacidad de ayudarnos a tomar conciencia, a vivir preguntándonos qué queremos y empezar a actuar en consecuencia, honrando el viaje.

PD2 : si te apetece ver más claro qué quieres, aprender a escucharte o incorporar algo en tu vida que hace tiempo que te planteas, consulta aquí las propuestas abiertas en este momento.

PD3: vivan las siestas escogidas