Talleres de escritura y sesiones de coaching

¿A qué puedes acceder en este momento?

1. Sesiones de coaching individuales, online o presenciales (si así lo acordamos y estás en Barcelona)

Se trata de que puedas acompañarte en este momento de tu vida para trabajar en lo que quieres cambiar, avanzar o vivir diferente.

Puede ser que quieras escucharte para hacer un cambio profesional, escucharte para ver más claro qué quieres y qué necesitas en este momento, para poder dártelo. Puede ser que quieras mejorar algún aspecto de tu vida con el que no acabas de sentirte satisfecha, recuperar un espacio para ti que sientes que has perdido, o empezar a hacer por fin eso que hace tanto tiempo que tienes en mente, pero no acabas de arrancar (desde escribir hasta lanzarte a hacer algo).

Antes de iniciar cualquier proceso de coaching, hacemos una sesión de exploración gratuita para que me expliques qué quieres trabajar y que yo te pueda explicar cómo te puedo acompañar. El objetivo es conocernos y asegurarnos de que esto sea lo que necesitas.

Quiero acceder a una sesión de exploración gratuita

2. El Club de escritura: La libreta de escribir

Para acompañarte a avanzar con el proyecto creativo que tengas en mente o simplemente para que te des un espacio cada 15 días para escribir, conectar con la creatividad y compartir.

 

Además de las sesiones grupales online, donde se escribe y se habla del proceso de escritura, tienes la opción de contar con sesiones individuales de coaching para desbloquear lo que no acaba de salir (una está incluida al unirte).

 

Porque de lo que se trata es justamente de que salga, de que escribas lo que quieras escribir y puedas superar los bloqueos que hayas podido encontrar hasta ahora o los nuevos que surjan, que puedas darle un lugar en tu vida a la escritura y la creatividad, si es algo que te enciende.

¿Dónde y cuándo?

 

  • Las sesiones del club son online los martes de 18.30h. a 20.00h., siempre petit comité, y las disfrutamos mucho.
  • Puedes asistir a 6 sesiones a partir de 120€ y, si quieres continuar, puedes renovar tu participación con nuevos packs de 6 sesiones.

Quiero escribir 🙂 Contacta aquí para saber cómo unirte


En noviembre: se abrirá un nuevo espacio de
Escritura para escucharte.

 

¿Qué es esto?

Esta propuesta es un camino de crecimiento, de autoconocimiento, de darte espacio para escucharte, escuchar qué necesitas, qué te está faltando en el día a día, de qué forma puedes tomar acción para sentirte mejor, tener mejores relaciones con tu entorno y contigo misma, cuidándote, revisando tu autoestima, cómo te valoras, cambiando cómo te hablas incluso sin darte cuenta y diseñando una vida apetecible, acorde a quién eres y quieres ser, a lo que para ti es importante porque te enciende.

 

Si sientes que te apetece, ve haciéndole un hueco.

¿Cómo funciona?

 

  • Son 7 sesiones grupales de 1h.30′ en las que te comparto una propuesta de escritura relacionada con el tema que vamos a trabajar en la sesión, relacionado con el autoconocimiento y la autoescucha.
  • A partir de lo que sale en la escritura, comentamos, compartimos y hacemos coaching grupal.
  • Entre sesión y sesión cuentas con materiales de coaching para que puedas seguir profundizando.
  • El programa incluye una sesión de coaching individual, para que puedas probarlo y sacarle más partido aún al proceso.
  • El horario lo determinaremos buscando la mejor hora para la mayoría de las personas interesadas, así tienes más posibilidades de no quedarte fuera por trabajo o conciliación.
  • El precio es 190€. Si eres suscriptora de la newsletter, tienes un descuento de 30€ si reservas tu plaza entre septiembre y octubre.

Quiero reservar mi plaza 🙂

Con la A… Autoexigencia y antídotos – Apúntate a las nuevas propuestas

Durante las vacaciones hice una lista de palabras por orden alfabético de temas sobre los que se podría escribir con el objetivo de hacernos la vida más fácil y placentera, a partir de conocernos mejor e ir tomando consciencia de aspectos que nos condicionan en mayor o menor medida, ya sea porque tienen mucho que ver con nosotras o porque tienen mucho que ver con la cultura en la que vivimos. 

 

La primera palabra que surgió, con la A, y que surge en muchos procesos de coaching, es autoexigencia. Así que empiezo con ella esta serie, que es un diccionario de básicos, un fondo de armario al que echar mano en caso de no saber qué ponerte cualquier día para sentirte mejor. 

 

No voy a usar el recurso de acudir a la RAE, al menos no en el primer texto, sino a la metáfora, para definir la autoexigencia como un látigo. Un poco extremo, te dirás, puede ser. Llamémosle entonces espada de Damocles, una especie de amenaza constante si no llegas al estándar que tú misma/o has declarado como el mínimo aceptable

 

Y ahí suele estar la trampa, en el mínimo aceptable, por un lado, y en que, el no llegar implique la amenaza de un látigo o una espada. Hay otra manera de llevarse a alcanzar los objetivos, de ser buena persona, buena amiga, buena madre/padre y de definir en qué consiste esto. 

 

Hay otra manera, suave, serena, comprensiva, amorosa, de llevarnos hasta ahí y hay otra manera de fijar estándares que no vayan siempre a más, que no impliquen elegir entre ser un semidios o estar condenado a sentir de forma crónica el “no llego”.  

 

En coaching, a menudo se habla de excelencia en contraposición a la exigencia. Querer hacer las cosas bien, con excelencia (sin compararte ni competir con nadie, sino en el sentido de hacerlas lo mejor que puedas), no implica que no puedas equivocarte y aprender. Es más, a menudo pasa por ahí.

 

No implica que a veces sientas que no llegaste, pero sí implica que cuando no llegas no hay látigo, sino aprendizaje y también reconocimiento de lo que sí lograste o intentaste, no sólo de lo que no. 

 

Por otro lado, la excelencia no implica perfección. A menudo la autoexigencia lleva a buscarla y eso nos sitúa en un callejón sin salida, ¿cómo salir de ahí si no puedo salir hasta que alcance algo que es inalcanzable? También conlleva mucha culpa, en lugar de simplemente responsabilidad. Sí, vale, me he equivocado, entra dentro de lo admisible, ¿qué puedo hacer a continuación?

 

El permiso para equivocarse, para no estar siempre acertada, para no ser siempre productiva, para hacerlo mal y luego aprender de ello, nos viene de serie, desde que nacemos. ¿De qué otro modo, si no, podríamos avanzar?

 

Tomémoslo, hagamos uso de él, saltemos a la comba con el látigo y hagamos una banderilla de olivas y pepinillos con la espada. Esta es una imagen de choque para cuando salte la alarma de la autoexigencia, imaginarte una banderilla de encurtidos o a ti saltando a la comba, porque implican conceptos incompatibles con ella: alegría, juego, permiso,…

 


Antídotos

Siguiendo con la A, en la otra cara de la moneda, situaría a la autocompasión, una forma amable y amorosa de tratarse que ha demostrado sus beneficios tanto en su aplicación a través del mindfulness como en terapia. Desearse todo lo mejor, tratarse como se trata a los seres amados, acompañarse, incluso abrazarse, es curativo y abre la puerta a otra forma de habitar la vida, de hacer el camino.

 

Está en nuestras manos diseñar cómo querernos, a partir de detectar qué necesitamos, de qué manera escucharnos, cómo detectar el sonido del látigo y neutralizarlo.

 

Si quieres darte un espacio para escuchar qué necesitas y cómo dártelo, que es una bonita forma de amarse, o acompañamiento para cambiar creencias que alimentan la autoexigencia, un espacio para conocerte mejor y tomar consciencia de cuál es el diálogo interior y cómo hacer que te cuide, te puedo acompañar. A través del coaching, la escritura y el mindfulness, en programas individuales -para trabajar exactamente lo que necesitas- o grupales -para compartir el camino-.

 

¿A qué puedes acceder en este momento?

1. Sesiones de coaching individuales, online o presenciales (si así lo acordamos y estás en Barcelona)

Se trata de que puedas acompañarte en este momento de tu vida para trabajar en lo que quieres cambiar, avanzar o vivir diferente.

Puede ser que quieras escucharte para hacer un cambio profesional, escucharte para ver más claro qué quieres y qué necesitas en este momento, para poder dártelo. Puede ser que quieras mejorar algún aspecto de tu vida con el que no acabas de sentirte satisfecha, recuperar un espacio para ti que sientes que has perdido, o empezar a hacer por fin eso que hace tanto tiempo que tienes en mente, pero no acabas de arrancar (desde escribir hasta lanzarte a hacer algo).

Antes de iniciar cualquier proceso de coaching, hacemos una sesión de exploración gratuita para que me expliques qué quieres trabajar y que yo te pueda explicar cómo te puedo acompañar. El objetivo es conocernos y asegurarnos de que esto sea lo que necesitas.

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2. El Club de escritura: La libreta de escribir

Para acompañarte a avanzar con el proyecto creativo que tengas en mente o simplemente para que te des un espacio cada 15 días para escribir, conectar con la creatividad y compartir.

 

Además de las sesiones grupales online, donde se escribe y se habla del proceso de escritura, tienes la opción de contar con sesiones individuales de coaching para desbloquear lo que no acaba de salir (una está incluida al unirte).

 

Porque de lo que se trata es justamente de que salga, de que escribas lo que quieras escribir y puedas superar los bloqueos que hayas podido encontrar hasta ahora o los nuevos que surjan, que puedas darle un lugar en tu vida a la escritura y la creatividad, si es algo que te enciende.

¿Dónde y cuándo?

 

  • Las sesiones del club son online los martes de 18.30h. a 20.00h., siempre petit comité, y las disfrutamos mucho.
  • Puedes asistir a 6 sesiones a partir de 120€ y, si quieres continuar, puedes renovar tu participación con nuevos packs de 6 sesiones.

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En noviembre: se abrirá un nuevo espacio de
Escritura para escucharte.

 

¿Qué es esto?

Esta propuesta es un camino de crecimiento, de autoconocimiento, de darte espacio para escucharte, escuchar qué necesitas, qué te está faltando en el día a día, de qué forma puedes tomar acción para sentirte mejor, tener mejores relaciones con tu entorno y contigo misma, cuidándote, revisando tu autoestima, cómo te valoras, cambiando cómo te hablas incluso sin darte cuenta y diseñando una vida apetecible, acorde a quién eres y quieres ser, a lo que para ti es importante porque te enciende.

 

Si sientes que te apetece, ve haciéndole un hueco.

¿Cómo funciona?

 

  • Son 7 sesiones grupales de 1h.30′ en las que te comparto una propuesta de escritura relacionada con el tema que vamos a trabajar en la sesión, relacionado con el autoconocimiento y la autoescucha.
  • A partir de lo que sale en la escritura, comentamos, compartimos y hacemos coaching grupal.
  • Entre sesión y sesión cuentas con materiales de coaching para que puedas seguir profundizando.
  • El programa incluye una sesión de coaching individual, para que puedas probarlo y sacarle más partido aún al proceso.
  • El horario lo determinaremos buscando la mejor hora para la mayoría de las personas interesadas, así tienes más posibilidades de no quedarte fuera por trabajo o conciliación.
  • El precio es 190€. Si eres suscriptora de la newsletter, tienes un descuento de 30€ si reservas tu plaza entre septiembre y octubre.

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Novedades para volver con ganas

“Hoy vamos al pueblo”

Esa frase era la puerta de salida de la aldea en la que me pasaba los veranos, una puerta que se abría muy de vez en cuando para devolvernos a conceptos como el de súpermercado o cabina de teléfonos.

Cuando se anunciaba una de esas salidas, empezábamos a planificar todo lo que podríamos hacer en ese espacio de posibilidades infinitas, de contacto con la civilización, de regreso al futuro.

“Yo aprovecharé para llamar”, anunciabas. Ese ritual implicaba no sólo hacer acopio de monedas y encontrar la cabina, sino elegir a quién llamar.

-¡Hola!, decías ya teléfono en mano, con tu voz adolescente, ¿está M?

Y a mil kilómetros de allí podía ser que tu amiga estuviera o que hubiera salido y se encontrara en la plaza de ese otro pueblo que conocías por aquella foto que te envió una vez por carta.

Si ella estaba en casa y podía ponerse al teléfono, hacías un repaso a todo lo que te había pasado, o no te había pasado, en ese lugar donde, la verdad, pasaban pocas cosas. Ella hacía lo propio, te devolvía imágenes de su realidad estival y vuestros mundos volvían a unirse por momentos.

Estos días he regresado a la aldea y algo me ha devuelto ese recuerdo, como el mar devuelve a veces objetos flotantes a la orilla, o simplemente los deja al descubierto cuando baja la marea.

La escritura tiene a veces el mismo efecto, empiezas y no sabes qué va a salir, qué hay debajo. En todo caso es fascinante descubrirlo. Casi tanto como establecer una conexión telefónica a 1.000 kilómetros de distancia y que tu amiga estuviera al otro lado.

Novedades

Las propuestas que vienen para volver con ganas

1. La libreta de escribir, un club de escritura

Como surgen las mejores cosas, este mes surgió algo que me rondaba hace mucho tiempo. No sabía cómo llamarle, pero es un club de escritura, así que por ahora lo llamaremos así, con un

apellido: La libreta de escribir (en otro email te cuento porqué).

Si hace tiempo que te apetece escribir, pero te cuesta ponerte por tu cuenta y te gustaría compartir un espacio para hacerlo, hablando de creatividad, compartiendo bloqueos, objetivos y avances y escribiendo como mínimo un texto en el tiempo que dura la sesión, escríbeme y te cuento.

Además, las sesiones de escritura se combinan con el acompañamiento del coaching para ayudarte a avanzar en tus objetivos literarios.

No es un espacio para aprender a escribir, sino un espacio para escribir, que es el primer paso para saber hacerlo cada vez mejor y, sobre todo, para disfrutar de ello.

Hoy tenemos la última sesión de este mes, pero en septiembre volvemos online, así que estás a tiempo de unirte.

Contacta aquí para saber cómo unirte

2. Propuesta presencial

Si te apetece algo presencial, también en septiembre / octubre, se abre grupo para la propuesta “Escritura y presencia”. Eso te lo cuento en otro rato, pero pregunta lo que quieras y te lo avanzo.

 

3. Coaching, date el espacio

¿La escritura es sólo para los letraheridos? Definitivamente no. Algo que me fascina es justamente contribuir a que personas que no están familiarizadas con ella, la descubran. En los procesos de coaching es muy poderosa entre sesión y sesión para ir más allá, más profundo, aunque nunca es algo obligatorio, cuando lo pruebas, quieres más.

Si hay algo que quieras conseguir y se está resistiendo, esa piedra con la que tropiezas de forma recurrente o una necesidad de parar a escucharte para ver más claro qué quieres, también en septiembre vuelven las sesiones de coaching. Pero si ya tienes claro que quieres iniciar un proceso, contacta conmigo ahora y lo acordamos con tiempo y con descuento.

 

¿Qué te llevarás?

El propósito consciente

Escúchalo aquí si lo prefieres

Tengo una larga lista de temas sobre los que escribir, pero cuando me pongo a ello, casi siempre hay algo más acuciante que pasa por delante. Hoy eso que pasa por delante es el ¿para qué?

 

Porque el “para qué” o el “porqué” o el “propósito” es lo que va a hacer que me siente a escribir y compartir lo que escriba o que no lo haga. 

 

 

Y ¿siempre hay un “para qué”? Bueno, a lo mejor no hay un “para qué” declarado en una pancarta con su “vision board” y todo el protocolo para clarificarlo, pero lo hay porque, si no es así: 

 

  1. no lo haces 

 

  1. lo haces, pero no le ves sentido a hacerlo, con todo lo que eso conlleva de carga adicional. “A disgusto”, “de mala gana”,… hay más expresiones para esto, cualquiera que quieras añadir ayudará a ampliar las posibilidades de expresión de esta realidad.

 

¿Para qué sirve?

Preguntarme para qué hago lo que hago, me da el impulso que necesito para hacer incluso los días en los que las ganas no hacen amago de manifestarse. Pero no para hacer cualquier cosa sino para hacer lo que es importante para mí. Y aquí viene la otra pregunta crucial: ¿qué es lo importante para mí?

 

Todo lo que hago responde a una motivación o un compromiso (entendido como una elección, esto merece un texto a parte), pero no siempre está alineado con lo que realmente me importa. O a lo mejor sí que está alineado, pero no soy consciente de cómo me está apoyando a conseguir lo que quiero. No tengo claro el para qué lo hago y, con ello, se pierde el sentido y parte de las ganas

 

Me levanto y voy a trabajar. O me levanto y preparo desayunos y mochilas. O me levanto y medito. O me levanto y dedico una hora a leer tranquilamente antes de que se despierte el resto o le dedico 30 minutos al infinito en un móvil o en un junco.

 

Detrás de esas acciones hay una elección, pero no siempre consciente. Preguntarme para qué lo hago y si me apoya a conseguir algo que es importante para mí (no hace falta que sea un gran logro, puede ser un momento de calma y placer), ayuda a darle un sentido y a elegir más conscientemente con qué me estoy comprometiendo. 

 

El mero hecho de darme una respuesta que esté alineada con lo que para mí es importante le va a dotar de un sentido que contribuirá a invocar a las ganas necesarias para quitarme, al menos una parte, de la carga del hacer “a disgusto”

 

Hay más factores a analizar: como si lo que hago es lo único que podría hacer para conseguir mi “para qué” o si hay otras formas de conseguir ese propósito con las que disfruto más, que se me dan mejor, que aportan más… También puedo plantearme si es un paso intermedio y necesario para avanzar en la dirección que quiero o directamente me está alejando de lo que quiero en mi vida. Y por eso es tan importante generar espacios para parar, escuchar y poner orden y claridad a lo que quiero. Sin quedarme en el bucle de estármelo planteando continuamente, sino hacer un buen zoom para después avanzar con más calma y convicción.  

 

Si te apetece hacer ese zoom y darte ese espacio para conectar con lo que quieres, el próximo 2 de marzo puedes asistir a una sesión abierta online, en la que utilizaremos la escritura, la visualización y el acompañamiento del grupo, de la que saldrás con las ideas más claras y con los primeros pasos para empezar a vivir desde el presente más alineada con lo que quieres. 

 

¿Cuándo?

Miércoles, 2 de marzo. 

18.30-20h. 

Online

Gratuita, pero con inscripción previa (puedes escribir por mensaje directo o en la sección de contacto de la web, que encuentras en el link de la bio @palabras_para_ver_mas_claro)

Plazas muy limitadas para trabajar en un grupo pequeño.

 

PD: ¿y el para qué de estos textos? No dejan de ser fragmentos de aprendizaje compartidos, un poco lo mismo que con la escritura de viajes o la de maternidad: estamos de viaje, vi esto y te lo cuento. Y eso, a su vez, me ayuda a recordar.

¿Cómo estar más presente? Una propuesta de escritura o fotografía para pararnos a mirar

Mirar es uno de esos lujos a los que la fotografía nos invita. No sólo a mirar sino a habitar la mirada, habitar el espacio, ser conscientes de dónde estamos, es más: ser conscientes de que estamos. Estamos aquí, pero a veces la cabeza está tan arriba que no nos vemos los pies.

Vivir encendidos para mí tiene más de eso que de castañuela. Saberse despiertos, saberse aquí, mirar, apreciar, saborear. Y de ese modo, darnos cuenta también de cuándo nos aprietan los zapatos, para poder aflojarlos o cambiarlos o, directamente, descalzarnos. O lo que es lo mismo: introducir en nuestra vida lo que necesitemos para no tener la necesidad de huir, de evadirnos de forma sistemática para no ver.

Hoy la invitación pasa por ahí, por mirar alrededor, el espacio que habitas, literal y metafóricamente. Hay una propuesta de escritura para ello: hacer un recorrido por los espacios de tu mundo. Puedes escribir y también puedes recurrir a la fotografía. 

A mí me ha llevado a volver a ella un curso con el que jugar, reavivar la creatividad y la mirada. Ésta, de nubes y claros, en las que habitan nuestras cabezas junto con las golondrinas y las copas de los árboles, viene bien aquí, para recordarnos aterrizar de vez en cuando.

 

Si te apetece descubrir otras vías para volver a verte los pies y adónde te llevan, para saber qué quieres, por dónde empezar, cómo encontrar una sandalia a la medida de quién eres, te acompaño.

 

Para resolver cualquier duda puedes escribirme aquí o solicitar una sesión de orientación gratuita, aquí.

¿Cómo nos ayudan los cuentos? Nos lo explica la cuentoterapeuta Coco Cubells en esta entrevista

Uno de mis cuentos favoritos de niña, junto con El hombrecito de pan quemado (Gingerbread man, en inglés), era el de Las zapatillas rojas. ¿Qué me decía a mí ese cuento? ¿Qué efecto producía en mí? Leído ya de adulta la moraleja me pareció horrible, pero Coco Cubells, creadora del proyecto “Cuéntamelo por escrito”, tiene una explicación para todo ello.

Las zapatillas rojas también era uno de sus favoritos y ahora es experta en Cuentoterapia. ¿Cuentoterapia? Sí, experta en ayudar a través de los cuentos y del efecto que tienen en nosotras. Tras años de estudio y especialización, esta semana inundada de libros, cuentos e historias, se ha prestado a explicarnos justamente eso: ¿Cómo nos ayudan los cuentos? Tanto en la infancia como en la edad adulta.

Encontrarás todas las respuestas sobre este mundo fascinante en esta entrevista. Haz clic aquí para escucharla (es un audio así que te bastará con unos auriculares)

Si te apetece saber más sobre cuento terapia y ver el trabajo que hace Coco en Cuéntamelo por escrito, la encontrarás en:

La web: cuentameloporescrito.com

Instagram: @cuentameloporescrito y en Facebook con el mismo nombre

¡Que lo disfrutes! Seguiremos indagando sobre cómo nos pueden ayudar las palabras a #vivirencendidos. 

PD: Si te apetece que la escritura te ayude también a ver más claro, a entenderte, a conectar con lo que quieres, como lo hacían y lo hacen los cuentos, tienes un taller de escritura a punto de empezar, que será un antes y un después en tu autoconocimiento.

¿Cómo encontrar respuestas? La escritura te ayuda y el coaching te acompaña

“Vivir desde la calma, en lugar del atropello. Vivir desde las vistas a una playa larga. Sentir el viento suave en la cara, al parar. Y percibir el vuelo cercano y raso de un pájaro y las voces detrás de alguien lamentándose de sus objetivos laborales incumplidos. Una moto ahora. 

¿Qué me falta? ¿Por qué tan a menudo esa sensación de que hay algo más que conseguir? Más allá de esa búsqueda constante, a veces está bien pensar que ya has llegado, que no hay otro lugar a dónde ir, que puedes estar aquí, habitar el presente desde una mirada nueva. Disfrutar con perspectiva de cada intento, de cada prueba, de cada sobresalto, de cada manta a tiempo, desde un lugar de observadora. Desde un yo sabio o futuro y compasivo, que mira como se mira al que está aprendiendo, dándole margen para el error”. 

Este texto salió de forma automática al sentarme a escribir hace unos días, no estaba en una playa larga, sólo en una terraza, sólo 30 minutos de conexión con un papel que me dijera lo que necesitaba oír. Así de generosa es la escritura y así de sabia la voz que a veces silenciamos con tanto ruido. 

Si te apetece probar qué te dice a ti también, ahora es un buen momento. A finales de abril empezamos con el taller de escritura para vivir encendidos, un espacio para hacer justo eso: parar un momento, sentarte, escribir a partir de una propuesta que desate tus ganas de responder, de responderte. Para conocerte mejor, para saber qué necesitas, para entender desde dónde estás mirando y mirándote, para que escojas lo que que quieres en tu vida y lo que quieres cambiar porque estás en una nueva versión, actualizada de ti misma

Porque te apetece vivir de otra manera, más serena, más consciente, más escogida. Eso no requiere necesariamente liarse la manta a la cabeza, poner todo patas arriba, salir huyendo, requiere darse el permiso para escucharse y empezar a actuar en coherencia (ahí es donde entra el coaching, para empezar a movernos en la dirección que queremos).

En este enlace tienes toda la información del Taller, que empieza a finales de abril, así que no tendrás que esperar mucho.

Diálogo interior ¿Cómo mejorarlo?

– ¿Estás bien?, dice una niña de casi 3 años después de caerse.

-Se ha dicho a sí misma “¿estás bien?”, pienso a la vez que abro los ojos más de lo normal.

-(yo misma me respondo) Sí, se ha preguntado cómo se encuentra después de caerse, que es exactamente lo mismo que le pregunta su madre de forma sistemática cuando se cae. Ha interiorizado ese mecanismo, pero no sólo hacia los demás sino hacia sí misma.

-Estoy impresionada. Me encanta. ¿Lo hago yo cuando me tropiezo?

-Bueno, a veces lo haces y otras veces pasas directamente a mirar si te ha visto alguien o a decirte que no te fijas lo suficiente, que estás en la parra… A veces también te ríes o culpas al Ayuntamiento. Depende mucho del humor.

-Ya veo… Me gusta más el “¿estás bien?”

-Y a mí, pero normalmente no te das ni cuenta, empiezas a hablar y a repetir frases que te dijeron antes: “hay que estar en lo que estás”, “es que no te fijas”… y de pronto te vas haciendo pequeña.

-¿Siempre así?

-No, cuando estás más consciente, te das cuenta de lo que te estás diciendo y, entonces, después de esa frase automática decides cambiar el discurso y, la verdad, te lo agradezco.

-Lo siento si a veces te hablo un poco mal, peor que a cualquiera, de hecho.

-“¡Soy bastante tía!”, dice ahora ella, que acaba de dar un salto enorme, teniendo en cuenta su tamaño.

-¿Qué se ha dicho ahora?

-“Soy bastante tía”, en su casa suelen usar la expresión “¡Qué tía!” o “¡Qué tío!” cuando alguien se supera (a veces también puede tener una connotación negativa, si se supera, por ejemplo, tirándose un pedo excesivo).

-¿Escribirías eso si alguien fuera a leerte?

-A ver, estamos emulando un diálogo interior, no podemos censurar la palabra pedo.

-Ya… el caso es que ella se ha reconocido el logro.

-Pues sí. Esto nos dice tres cosas: 1. te repites lo que te han repetido alguna vez 2. ojalá eligieras repetir lo mejor de todo lo que te dijeron 3. cuando tienes casi 3 años, el diálogo interior es también muy exterior.

-¿Y qué vas a hacer con eso ahora?

-Compartirlo. No es nuevo, pero no sobra y es algo que trabajamos en los procesos de coaching y en los talleres: tomar conciencia de cómo te hablas, de qué te estás diciendo. De alguna manera, hacer visible el diálogo interior, como lo hace ella, para poder intervenir y cambiar el discurso, para que eso que te dices te apoye. Luis Castellanos, filósofo, habla de las palabras que habitamos y de la importancia de escogerlas.

-¿No te has fijado que cuando cambias lo que te estás diciendo cambia tu humor, tu percepción de lo que sucede, tu sensación de bienestar?

-Totalmente. A veces me noto frunciendo el ceño a la vez que hago algo o caminando (de hecho, también se puede ver a otras personas haciéndolo por la calle).

-Es el diálogo interior exteriorizándose, poniendo caras. Si el diálogo interior te hace hasta gesticular de forma inconsciente, imagínate cómo te hace sentir por dentro.

-¿Y qué hago para cambiarlo?

-Escucharlo. Pillarlo in fraganti. Darte cuenta de que puedes observarlo desde fuera, que tú no eres ese diálogo sino la que lo acoge o, en este caso, la que lo transcribe en este texto.

-Ajá…

Proponte darle al pause 3 veces al día, por ejemplo. Parar, en cualquier circunstancia y darte cuenta de qué estabas hablando por dentro, qué estabas pensando. 

-Podría hacerlo también cuando note que estoy frunciendo el ceño o después de caerme, de que se me rompa un vaso o de cualquier otro contratiempo, después de una decepción o de una alegría.

-Sí, está bien. Fíjate entonces en qué palabras vienen. ¿Entre qué palabras flotas o respiras ahí dentro? Elígelas bien olientes, frescas, compasivas, con alta salinidad para que te ayuden a mantenerte a flote o de agua dulce si prefieres poder casi bebértelas mientras nadas. 

-¿Y qué hago con las otras?

Abre la ventana para dejar ir las que ya no te sirven, no te ayudan, no te apoyan, te incomodan, te hablan de imperfección permanente, de expectativas incumplidas, te comparan o te invitan a ocultarte. 

-¿Y si no se me ocurre nada fresco que decirme? 

-Ante la duda, siempre puedes recurrir a estas cuatro: “Todo está bien contigo”. No pasa nada por repetirlas, pero sobre todo, intenta sentirlas cuando te las digas, para creértelas cada vez más.

-Vale y para cuando me venga arriba: “¡Qué tía soy!”.

-Hecho.

-Sabes que no será de la noche a la mañana, ¿no?

-Sí, ya lo sé. No pasa nada. Todo es un avance.

-¿Estás bien?

-Sí, gracias por preguntar. 

___

PD: Si hay algo que quieras cambiar o sobre lo que te gustaría ver más claro, puedes pedir una sesión de orientación gratuita en la que nos conocemos y analizamos cuál podría ser tu siguiente paso.

Para resolver cualquier duda puedes escribir aquí

Tomar decisiones o Llámame Inercia

Hay decisiones grandes y decisiones pequeñas, pero ninguna tan suave como Inercia. Subirse a ella es como subirse a una de esas pasarelas automáticas del aeropuerto que te permiten avanzar más rápido de una a otra puerta de embarque. ¿Te acuerdas de cómo era caminar en esas pasarelas blanditas, en las que los pasos rebotaban sobre la goma si pisabas muy rápido? Pues así es Inercia. Y además tiene el mismo efecto sobre el tiempo, de pronto estás aquí y cuando vuelves a levantar la vista ya estás en la otra punta. Atrás quedaron las bifurcaciones ante las que teníamos la opción de decidir. 

Ante las decisiones pequeñas, Inercia tiene muy a menudo la batalla ganada. Son tan pequeñas… aunque tan frecuentes también. Un ejemplo rápido: ¿hacia dónde dirijo mi atención? ¿móvil o libro? ¿volver a domar el desorden que me rodea o relajarme un momento con la niña que se me ha pegado a la pierna? ¿cuántas veces decido realmente y cuántas me deslizo sobre Inercia?

Muchas veces no hay ni tiempo de saberlo, algo llega y me arrastra de la mano, se lleva mi atención sin preguntar: un mensaje o un circulito rojo en un icono del teléfono, bastan para que, por ejemplo, la pequeña decisión de mirar la hora en el móvil quede sumergida de una forma imperceptible. Yo había sacado el teléfono del bolso para eso, para saber la hora, pero mi atención ha sido arrollada, he vuelto a guardar el teléfono, no sé la hora y tampoco me acuerdo de que quería saberla. Inercia sonríe.

Ahora las grandes decisiones: ¿a qué quieres dedicar tu vida laboral? ¿te gustaría ser madre/padre? ¿quieres vivir en otro lugar? ¿hay algo que te gustaría hacer sí o sí?

Con las grandes decisiones, cuando te descuidas, puede ser que cuando vuelvas a querer saber la hora, se te haya pasado media vida, es como si la pasarela automática -también llamada Inercia- cogiera carrerilla. Vas tan rápida allí subida que hasta el paisaje es borroso a los lados y así ¿quién puede ni siquiera ver la opción de decidir?

 

¿Cómo superar a Inercia? Algunas instrucciones

Tampoco siempre, tampoco para todo, pero sí en algunas áreas de nuestra vida, en aquello que nos incomode. Y, sobre todo, para las grandes decisiones. 

 

1. Mirarte los pies y comprobar si es ella quien te lleva

Revisa lo que estás haciendo. ¿Estás ahí sin saber muy bien cómo has llegado o cómo puede ser que lleves tanto tiempo allí? ¿Es lo que harías si te pudieras parar a escoger? Puede que no puedas escoger inmediatamente, pero, si pudieras, ¿qué escogerías?

 

2. Practica a saltar barandillas bajas

Esto es: prueba a tomar consciencia de las pequeñas decisiones que tomas cada día. ¿Son tuyas? Aun si lo son, puedes volver a planteártelas, sin dejarte llevar por lo que se ha hecho siempre, por lo que los demás esperan, por lo que tú misma hiciste ayer o empezaste a hacer hace 10 o 20 años.

Salta la pequeña barandilla de plantearte si realmente quieres el cortado de siempre o el cuerpo te pide otra cosa. La pequeña barandilla de cenar a las 21h. o a las 19h., que es cuando tienes hambre con mayúsculas (sabemos de qué hablamos, ese agujero negro que se abre en el estómago al atardecer). La pequeña barandilla de decidir cuándo miras el móvil y qué miras. 

 

3. Confía en que sabes andar fuera de la plataforma acelerada

Tienes autoridad para tomar tus propias decisiones, de hecho, eres la única autoridad, de “autora”. Creadora de una parte de tu vida única e intransferible. Tienes posibilidades que ni siquiera puedes conocer ahora, hasta que no avances unos pasos… y no eliges todo, claro, pero sí mucho más que cuando vas sobre Inercia.

 

4. Reconecta con tu agilidad interior y salta finalmente la barandilla

O lo que es lo mismo, párate, baja un momento el ritmo, deja que el paisaje se vuelva más nítido. Baja el volumen del ruido exterior, escúchate. Escúchate con todo, con todo el cuerpo (incluida la cabeza). Escúchate con todos los cerebros que tengas a tu alcance (no externalizados sino dentro).

 

5. Ya con los pies en tierra firme, recurre a todo lo que tengas a tu alcance para avanzar en la dirección (esta vez) elegida

Si necesitas ayuda con la parte de escucharte, de saber qué quieres, recurre a la escritura, a la literatura, al mar, a la cocina, al coaching, a la meditación, a lo que a ti te sirva y hazlo.

 

6. Disfrútalo

Hay cosas que cuando se saben, se sabe que se saben, porque están alineadas con lo que somos y lo que queremos, y ésa sensación es maravillosa para seguir andando.

 

PD: No tengo nada contra Inercia, si no no la compararía con esas pasarelas que tanto se agradecen cuando vas con prisas. Esto es sólo una invitación a bajarse por momentos, sobre todo si notamos incomodidad, inquietud o que necesitamos, definitivamente, poner un pie en el suelo para volver a conectar con la raíz, con la esencia. Si quieres profundizar más, conectar con lo que quieres y ralentizar el paisaje acompañada, no dejes de mirar esto

PD2: Si quieres empezar a actuar para cambiar algo en tu vida, también puedes pedir una sesión de valoración gratuitaaquí, de la que saldrás con opciones para empezar a andar.

¿Qué hay de ti en lo que ves?

Hay gestos tan familiares que pasan a ser transparentes. Sólo cambios abruptos en la mecánica les permiten volver a tomar cuerpo, hacerse visibles. Tocarse la cara es, en mi caso, uno de ellos. Te acaricias, aflojas la presión de las mejillas y sigues con lo que estabas sin darte cuenta. 

Un día de hace cinco años, sin embargo, me di cuenta, me estaba tocando la cara y las yemas me devolvieron de pronto la imagen de un cutis rejuvenecido, una piel especialmente suave para la que no encontraba explicación alguna. Tocaba y me recreaba en el tacto mientras trataba de descubrir entre mis acciones más recientes la causante de un cambio tan evidente en la textura, como si de una piel nueva se tratara.  

En ese proceso recordé que la única crema que había utilizado últimamente, hacía apenas unos minutos, era una crema de manos: la información que recibía, ahora reblandecida y tierna, no se debía al rostro que tocaba sino a mis dedos. ¿Dónde residía la verdad, entonces? ¿Cuánta de la información acumulada hasta entonces a través del tacto era errónea? ¿Hasta qué punto puede deformar la realidad una huella dactilar deshidratada?

Quien habla de una huella habla del filtro con el que nos relacionamos con el mundo. Es una invitación muy liberadora observar cuáles son los nuestros para entender cuándo tenemos realmente la cara áspera o cuándo lo áspero son las yemas de los dedos

¿Cómo hacerlo?

Una aproximación radical es la que nos propone considerar todo lo que sucede como algo neutro, que simplemente es. Y, a partir de ahí, ver el resto como interpretación, la nuestra.

Especialmente interesante es ver patrones de interpretación que se repiten en nosotros, ir tomando poco a poco conciencia, por un lado, a través de la auto observación y por otro, contrastando nuestra interpretación con la de otros, por ejemplo ante una escena, una persona nueva o un libro. ¿Tú qué has visto? A veces la diferencia es tan radical que la respuesta sólo puede estar en la yema de nuestros dedos.

El texto lo publiqué hace cinco años en escribirastodoslosdias.com, cuando me sucedió. Los filtros aprendí a empezar a vérmelos tiempo después. Pero lo de la crema de manos me ha pasado muchas veces más desde entonces. Y con los filtros pasa algo parecido.
 

Te dejo una propuesta de escritura por si apetece seguir indagando:

Selecciona un área de tu vida, por ejemplo, el trabajo, la pareja/s, amistades o familia y revisa tu historia a la vez que la narras, ¿puedes detectar algún patrón que se haya repetido en el tiempo? ¿Puedes percibir una forma de ver las cosas que tiene mucho de ti y que si lo viviera o narrara otra persona o un narrador omnisciente, neutro, que no emite juicio sobre lo sucedido, sería bien diferente?

 

¿Para qué sirve esto?

Hay muchas formas de aprender a autoobservarnos y conocer mejor cómo nos explicamos el mundo, por qué y cómo nos condiciona.

¿Podría sustituir algún patrón que me esté haciendo daño, frenando, estresando o paralizando?

  • ¿Podría ayudarme a entender mejor las posiciones ajenas, a reducir la frustración, los malentendidos, a vivir con más paz?

  • ¿Podría ayudarme a verme de forma más amable, a sentirme mejor, a empoderarme y darme la confianza necesaria para llevar adelante lo que realmente quiero? 


Me encanta cuando, en los procesos de descubrimiento, desmontamos alguno de estos patrones, cuando salen a la luz y, de alguna forma, nos liberamos
. A través de la escritura, el coaching, el mindfulness o herramientas como el eneagrama -muy muy útil para esto cuando se trabaja bien con él-. Todas ellas nos ayudan a ir viendo cada vez una parte más amplia de nuestro propio puzzle y a vivir escogiendo más y reaccionando menos. 

 

PD: si hay algo sobre lo que te apetezca arrojar luz y empezar a hacer algo para cambiarlo, he abierto 20 sesiones de orientación gratuita para ayudarte a ver más claro de qué se trata y cuál podría ser tu siguiente paso. Puedes solicitarla en este enlace.

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