Zonas de genio

 

Tu zona de genio es una expresión que me encanta. Transmite mucha confianza: hay un lugar en el que eres un genio, tal vez en la baldosa de al lado pases a la normalidad, pero en ese espacio estás en tu salsa, todo se vuelve más fácil, el tiempo más rápido y a la vez más denso, de la densidad de un chocolate a la taza, disfrutable.

Hay lugares de genio para todos. Lugares que pueden ser muy precisos, muy únicos, combinación de los ingredientes que te configuran también a ti: los que venían de fábrica, los que se incorporaron con tu historia, los que aprendiste. Y, a parte de hacerte sentir cómodo, ese lugar sirve para entregarle a otro algo que a ti no te costó pero que a él se le hace un mundo. Y eso puede hacerte sentir muy útil y a la vez, por qué no, un poco genio, por un rato, por unas baldosas al menos.

 

¿Cómo localizar esas baldosas?

Localizar esos lugares a veces está muy claro, lo llevas sabiendo desde niño, te lo llevan diciendo toda la vida. Para otras habilidades puede que no sea tan obvio, pero suele ser cuestión de escucharse, de darse cuenta de en qué momentos el tiempo fluye y nos llenamos de energía, frente a otros en los que nos inunda una pereza titánica al abordar una tarea. Y también es cuestión de escuchar a otros, de aceptar que nos digan qué bien se nos da algo, de creerlo, de pensar en cómo les estamos siendo de ayuda.

Si estás buscando esa zona de genio, eso que puedes aportar al mundo, eso en lo que puedes llenarte de energía incorporándolo a tu vida, piensa en algo en lo que seas muy bueno, con lo que disfrutes. Algo para lo que te piden ayuda, algo que los demás agradecen que hagas por ellos sin que te cueste demasiado esfuerzo. Y luego ponte a bailar como si te hubiera entrado la fiebre del sábado noche (no en la acepción que nos viene a la mente a los que tenemos hijos, en la otra, la de la foto).

Sobre verse capaz

Este tema vino a mi mente como artículo para la web haciendo un puré de calabaza. Tenía un bloqueo con el puré de calabaza. Me encanta la calabaza y el puré de calabaza, su sabor y que sea tan fácil hacerlo porque, en mi versión de “cocina esencial”, basta con la calabaza hervida para que sepa riquísimo, a calabaza sin más. A los detractores de la “cocina esencial” les digo que la calabaza no necesita nada más, es perfecta en su autenticidad.

 

¿Pero a qué venía entonces lo de verse capaz? Pues a que durante mucho tiempo no me veía capaz de pelar una calabaza -y no debo ser la única porque la venden cortada en bandejas-. Pelar la calabaza era esa traba insalvable para poder extraer el néctar de su interior.

 

Siempre esperaba a que llegara alguien que supiera pelar calabazas para poder comérmela. Hasta que un día ese alguien me dijo que no era tan complicado, que podía hacerlo. De hecho, me dio dos indicaciones y pude hacerlo inmediatamente. Y desde entonces pelo calabazas siempre que quiero regodearme en ese olor con el grado justo de dulzor.

 

Y cada vez que pelo una calabaza y puedo olerla y pensar en por qué no harán perfume de calabaza, me doy cuenta de lo poco que me había impedido poder hacerlo durante tanto tiempo. Aquella piel no era ningún abismo insalvable y, sin embargo, lo era en mi cabeza porque en el pasado lo había intentado con un mal instrumento.

 

La piel de la calabaza es como esa creencia que nos sabotea cuando queremos hacer algo pero está de fondo tendiéndonos una especie de red imaginaria que nos frena. Seguro que lo habéis sentido alguna vez. Los que creen que son impuntuales se dicen a sí mismos que van a llegar pronto pero en el último segundo su creencia busca algo que se lo impida. Los que creen que son personas de dejar todo para el final o que trabajan mejor bajo presión, tienden a procrastinar para darse la razón. Los que creen que no son capaces de hacer algo, que no están preparados, no lo hacen, e incluso cuando se proponen hacerlo, algo les empuja hacia atrás, como un aspirador de aspiraciones que les quisiera atrapar también a ellos.

 

Sin embargo, a favor de las creencias hay que decir que no son indelebles, que se pueden cambiar cuando se detectan y se ponen los medios para ello. Para muestra, una calabaza. Que nos recuerda que lo mejor está dentro, que una vez que te sientes capaz, que te crees capaz, que eres capaz, accedes a un brillo que el exterior no mostraba.

 

Ejercicio para trabajar creencias que te frenan

Dicho esto, hay un ejercicio sorprendentemente revelador para detectar creencias que te están bloqueando cuando quieres conseguir un objetivo. Un ejercicio que complementa al de intentar estar presente: observar tus pensamientos y lo que te dices, tus reacciones físicas, las sensaciones, o las emociones que se te despiertan en determinadas circunstancias (de esto escribiré también otro día).

 

Este ejercicio para detectar creencias limitadoras lo encontraréis íntegro en el libro Coaching con PNL, de Joseph O’Connor y Andrea Lages, pero os comparto la esencia. En primer lugar piensas en un objetivo, algo que quieras conseguir, intentando formularlo de la forma más concreta posible. Para ello la pauta de los objetivos SMART te ayudará.

 

Un objetivo SMART es específico, medible, realizable y limitado en el tiempo. El ejemplo típico de objetivo inespecífico (y recurrente) es el de “quiero adelgazar”. Si le pasas el filtro SMART, podría ser: quiero adelgazar un kilo en un mes. Si pusieras 20 kg.en un mes no cumpliría el requisito de ser alcanzable o realizable, por ejemplo. Y si no dijeras cuánto o en cuánto tiempo, tampoco.

 

Una vez que tienes el objetivo definido, rellenas cada una de las frases a continuación con tu objetivo y puntúas del 1 al 10 cuánto la crees. 1= no me lo creo nada 10= Estoy convencido. Allá van, coge papel y lápiz y conecta con tu yo más sincero:

 

1. Me merezco alcanzar mi objetivo de… (adelgazar un kilo en un mes)

¿Cuánto lo crees del 1 al 10?

2. Tengo habilidades y la capacidad necesaria para alcanzar el objetivo de…

¿Cuánto lo crees?

3. Es posible alcanzar mi objetivo de…

Lo creo un…

4. Tengo claro mi objetivo de…

Esto un…

5. Mi objetivo de… es deseable

Me apetece, lo quiero, es positivo un…

6. Mi objetivo de… es ecológico (no sólo compatible con el medio ambiente sino con tu medio ambiente, con tu entorno más cercano)

Creo que un…

7. Mi objetivo de… merece la pena

Merece la pena un…

 

¿Has llegado hasta aquí parándote en cada una y respondiendo no sólo de cabeza sino también de intestino? Si no, siempre puedes repasarlo ahora. Una vez lo hayas hecho, revisa qué creencias tienen una puntuación inferior a 7. Ahí puede haber una creencia limitadora.

 

Si esto mismo lo haces con la ayuda de un coach, puede acompañarte a indagar más, verificar si tu lenguaje corporal o tu tono de voz, etc. parecen coherentes con la nota y ayudarte a buscar en ti respuestas para saber qué es lo que te hace creer o no creer en ello. Pero incluso haciendo este ejercicio tú solo, puedes obtener pistas de por dónde van los bloqueos.

 

Para conseguir un objetivo es importante que creas tres cosas: 1, que es posible; 2, que lo mereces y 3, que eres capaz de alcanzarlo.

 

Pero, una vez detectadas, ¿cómo convertir esas creencias limitadoras en creencias nuevas? Hay múltiples ejercicios y propuestas para hacerlo (algunas de escritura muy interesantes), pero coinciden en la afirmación de que para cambiar una creencia, en lugar de decir no me la creo, lo que necesitas es buscar una creencia en la que sí puedas creer y que la sustituya.

 

Puedes buscar en tu experiencia pasada, situaciones en las que sí has sido capaz, por ejemplo, ante una calabaza -es una anécdota, una metáfora, pero puedes buscar ejemplos mucho más potentes como un parto o todo lo que viene después, sin ir más lejos-. Situaciones o experiencias que desmientan esa creencia, o incluso modelos externos, gente que sí lo ha conseguido. Y revisar qué te hace creer que no la mereces y qué te dirías al respecto si fueras tu propia hija o tu mejor amigo.

 

Se trata de que la afirmación que busques para sustituir a la creencia limitadora, sea una que puedas creerte, te dé alas y te libere, una creencia que apague el aspirador de aspiraciones de una vez. Que te permita creerte una persona capaz y merecedora y hacer así posible eso que quieres para tu vida. Ya sea un puré de calabaza, un libro o una visita a la naturaleza a la semana.

Os dejo la nota del libro por si os apetece seguir indagando: Coaching con PNL, Joseph O’Connor y Andrea Lages. De la editorial Urano.

Cosas que me fue bien saber para introducir un cambio en mi vida

Como sucede con tantas otras cosas en la vida, a menudo lo más difícil para que algo suceda es empezar. Aunque visto con distancia el primer paso probablemente sea anecdótico -no será el más difícil técnicamente, el que requiera más conocimiento o el que implique a más personas-, sí es el más decisivo. También en el caso de un cambio laboral o de un cambio en la manera de vivir, en los espacios y el tiempo que dedicas a lo que te llena, a lo que te enciende o te conecta con lo que eres y quieres ser.

 

A veces lo más difícil es definir justamente eso, qué es lo que quieres, qué es lo que echas de menos, porque sabes que hay algo que falla pero no sabes por dónde empezar, cómo acotarlo y definir una estrategia para cambiar la situación.

 

 

La sensación de ir dando tumbos

 

Esa dificultad para definir qué es lo que quieres, hace que un día te levantes pensando que vas a hacer A y mañana estés convencido/a de que es Z lo que tienes que hacer, pero sin que ninguna de las dos opciones te convenza, ni te ayude a salir del estancamiento en el que te sientes. Sin que ninguna de ellas haga ese clic que se da cuando encuentras una de esas respuestas que vienen de dentro, que están alineadas contigo.

 

 

No hay sólo una respuesta

 

No quiere decir que haya sólo una respuesta, ni que una sea la buena y el resto, caminos equivocados. Pero antes de elegir entre A y Z, tal vez está bien pararse y hacer una revisión desde la raíz. Pararte, escucharte, ver qué conecta contigo y qué es lo que te mueve, para ir en esa dirección.

 

Tal vez no sepas el nombre del pueblo con nombre extraño al que vas a llegar -nunca dejan de sorprenderme cuando viajo por carretera- pero al menos sabrás que vas en dirección al sur, o al norte, o al este, con las múltiples opciones que hay tomando ese camino, pero con la tranquilidad de que vas en un sentido que encaja contigo.

 

 

Calmar el agua

 

A veces no es obvio encontrar esa dirección, incluso cuando en el fondo lo sabes, tu yo sabio que se manifiesta en ocasiones especiales sabe lo que quieres. La respuesta o las respuestas están ahí dentro, pero tienes que llegar hasta ellas. Es algo así como un mensaje escrito bajo una capa de agua, para leerlo primero hay que limpiar el agua y después lograr que esté en calma, entonces aparecerá con nitidez (la imagen no es mía, es muy recurrente pero a mí me ayuda a visualizar este concepto de forma muy sencilla).

 

 

Mirar al destino

 

Una vez que tienes una primera orientación de qué es lo que te guía, lo que te emociona, lo que te mueve… y puedes dar como mínimo algún paso más de los que estabas dando hasta entonces, es el momento de dejar de mirar a lo que no quieres, a lo que te incomoda, a lo que estás ansioso por dejar atrás (por ejemplo un trabajo en el que no te encuentras bien o te sientes estancado) y empezar a mirar a lo que sí quieres.

 

 

Puede que no sea inmediato

 

Como introducir el cambio que quieres en tu vida no es siempre algo inmediato no es extraño que nos impacientemos, que pensemos incluso que no hay nada que hacer, que es imposible, pero si alguien te asegura que llegarás a él, tu capacidad para llegar hasta él aumenta y no sólo eso, cambia totalmente la energía con la que afrontas cada día.

 

Para lograrlo es muy motivador visualizarte habiendo conseguido el objetivo, cerrar los ojos, respirar, imaginarlo y sentirlo con todo el cuerpo, como yo si ya fuera una realidad y recurrir a esa imagen, a esas sensaciones siempre que la duda aceche, siempre que te haga preguntarte ¿y esto, para qué? ¿de verdad crees que vale la pena?

 

Quien dice la duda, dice también alguien cercano que no acaba de ver claro lo que quieres, sin ninguna mala intención sino simplemente porque no es acorde a sus valores, no es algo que él haría, pero sí es algo que tú quieres hacer.

 

Ante la duda propia y ajena, intenta visualizar una y otra vez adónde te diriges, y escucha también a las voces que te animan a hacerlo, que probablemente serán, como mínimo, tantas como las que no, pero siempre parece que suenen más bajito.

 

Más allá de la visualización y del convencimiento, hay una frase que a mí me resulta muy inspiradora, un antídoto a la procrastinación y al no actuar porque “total, queda tan lejos”. La frase es esta: “Dentro de un año, te alegrarás de haber empezado hoy”. Es poderosa para tomar perspectiva y para nutrir a la paciencia, porque aunque no sea mañana, si empiezas hoy, estarás más cerca.

 

 

Confiar

 

¿Pero quién me lo puede asegurar? ¿Quién me puede asegurar que conseguiré introducir el cambio que quiero en mi vida? ¿Que llegaré al lugar al que defina que quiero llegar? ¿Que voy a conseguir exactamente lo que me proponga? En mi opinión, nadie te lo puede asegurar. Pero sí que hay algo en tu mano, por un lado actuar en esa dirección, por otro (no sin lo primero), confiar.

 

Porque puedes afrontar el proyecto con miedo, es normal, pero el miedo no invita a moverse sino que tiende a paralizar (o a hacernos salir corriendo, en su otra versión). No está mal como indicador de aquello de lo que queremos protegernos, para conocernos mejor, para analizar los riesgos, pero, una vez escuchado, es mejor dejarlo, si no atrás, sí a un lado. Puede acompañarnos pero no ponerse en medio del camino.

 

Para sustituirlo, para convencerle de que se haga a un lado, es necesario confiar. ¿Pero confiar en qué? En lo que quieras, en que saldrá bien, en que la vida está contigo, en que si ese camino te llama es porque algo tienes para aprender en él.

 

¿Qué es lo peor que puede pasar? Esta respuesta es importante, porque no todo vale, claro. Hay que tener presente que lo peor que puede pasar, también puede pasar, y no hay que obviarlo, ni actuar de forma inconsciente. Pero normalmente la respuesta a esta pregunta es más tranquilizadora que alarmante cuando hablamos de introducir un cambio progresivo en tu vida. Si la respuesta a la pregunta es que lo peor que puede pasar es que no llegues al destino, que no lo consigas. La contrarespuesta te vendrá sola y es que tampoco llegarías si no te movieras, tampoco llegarás si no avanzas hacia allí. Y, sobre todo, puedes hacerlo paulatinamente.

 

Como mínimo aprenderás, como mínimo, si no es el camino que buscabas, tendrás uno para descartar. Por eso es importante confiar. Porque si confías, das espacio a que entren nuevos paisajes en tu vida, nuevos aprendizajes, experiencias, historias. Si confías das espacio a proyectos ilusionantes y, de eso se trata, de vivir intensamente, ilusionado, con brillo en los ojos y el miedo, como mucho, al lado.

 

 

Caminar con consciencia

 

Y una vez con todos colocados en su sitio: el miedo, la duda, la impaciencia, el estancamiento. Una vez que estás mirando hacia el destino, es momento de revisar equipaje. Llevar buen calzado, soltar lo que nos sobra, elegir cómo nos relacionamos con los compañeros de viaje, qué pensamientos nos van a acompañar, cómo nos vamos a cuidar, cómo vamos a seguir escuchándonos en la travesía para seguir decidiendo alineados con lo que queremos cuando llegue el momento. Para estar presentes, darnos cuenta de por dónde pasamos y disfrutar las vistas.

 

He pasado por todas las estaciones que describo y, de hecho, para ser sinceros, me paso de vez en cuando por ellas de nuevo. La duda, la impaciencia, el miedo… están ahí, pero también el destino y la ilusión que genera. A partir de todo lo aprendido en el camino, de todas las herramientas que fui metiendo en la mochila (coaching, mindfulness, escritura como cómplice de los descubrimientos), creé el programa 7 pasos para vivir encendidos.

 

Con el objetivo de ayudarte a parar un momento y escucharte, compartiendo contigo las herramientas para hacerlo, para decidir por dónde empezar sabiendo a dónde te gustaría llegar y hacerlo de una forma más serena y consciente, acompañado para llegar más fácilmente, incluso cuando el viaje sea hacia adentro.

 

Si sientes que te ayudaría contar con un apoyo para ganar claridad en este proceso, puedes pedir una sesión gratuita para poner en palabras lo que quieres y ver cómo te podría ayudar.

 

Puedes escribirme aquí para acceder a un sesión gratuita para poner en palabras lo que quieres y ver cómo te puedo ayudar

Historias para encontrar respuestas

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¿Qué tienen en común Vaiana, Cómo entrenar a tu dragón (2), Kung Fu Panda o El origen de los guardianes? A parte de ser películas que ves sobre todo si tienes hijos, tienen en común a protagonistas que buscan. Son personajes que intuyen que hay algo que les llama, lo intuyen o lo tienen claro pero, por diferentes motivos, no acaban de creérselo.

 

Po, el panda protagonista de Kung Fu Panda, no se lo cree hasta que el Maestro Oogway –la tortuga gigante- le señala con el dedo, e incluso después de eso sufre un acusado síndrome del impostor (creer que no eres lo suficientemente bueno y que aunque estés bien considerado como profesional todo es una cuestión de suerte y de que no saben que en realidad no eres tan bueno –si a alguien le suena, Aida Baida, una mentora excepcional, tiene un ebook-curso sobre ello-).

 

Vaiana, por su parte, antepone la voz de lo que otros le dicen que debe ser su destino: seguir los pasos de su padre y, en ningún caso salir al mar, que es lo que le pide el cuerpo desde niña y hasta el propio mar. Vaiana se apoya en su abuela para seguir su camino y es ella quien le da la pista necesaria para sentir que no se equivocará.

 

Hipo, el niño protagonista de Cómo entrenar a tu dragón (con una banda sonora maravillosa), siente que no encaja porque es enclenque en un pueblo de vikingos y en lugar de matar dragones como todos los demás, consigue establecer una relación con ellos que les permitirá volar juntos y descubrir nuevos confines. Pero hasta que eso no sucede lo que más siente es que no sabe de dónde viene, qué explica que él sea tan diferente.

 

Y ¿qué le pasa a Jack Escarcha? ¿Cuál es su centro? ¿Qué es lo que te hace ser tú mismo? Algo así le plantea el mismísimo Papá Noel cuando le pide que forme parte de su equipo para salvar el mundo (al menos el de la infancia) en El origen de los guardianes.

 

A todos ellos les falta una historia, una historia que les ayude a entenderse y todos encuentran a algún aliado que les ayuda a descubrirla. Pero antes de eso, antes de que se haga consciente y la historia salga a la luz, la intuición ya emitía destellos desde dentro. Ya sentían que había un camino que debían explorar, algo que les atraía de forma natural. Y, en el fondo, eso nos sucede también a las personas que buscamos, porque si buscamos es porque sentimos que hay algo que encontrar y lo que nos falta es sacarlo a la luz.

 

Indagar en nuestra historia, ponerle palabras a cómo hemos llegado hasta aquí es un buen ejercicio para empezar. Intentar unir los puntos de los que hablaba Steve Jobs en su mítica charla en Stanford, a partir de lo que ya hemos vivido, aunque no sepamos cómo se unirán en el futuro.

 

Hace poco trabajamos en esto con una amiga casi de infancia para definir los mensajes de su web y de su proyecto, en realidad, y fue un proceso muy bonito y revelador. Porque, con web o sin ella, da mucha serenidad que las palabras te ayuden a construir un sentido, a orientar tus porqués, cuál es el camino que te apetece explorar y cómo puedes empezar a hacerlo venciendo los miedos -que es cauto y normal que todos tengamos-.

 

Pero ¿qué hubiera pasado si Vaiana no hubiera salido al mar? ¿O si Jack Escarcha hubiera renunciado a su puesto como guardián por no atreverse a buscar dentro? ¿O si Hipo no hubiera conocido a Desdentado y hubieran explorado el mundo juntos? ¿O si Po hubiera vuelto al restaurante de fideos con su padre en lugar de acabar en la tercera parte de la película ayudando a otros a ser ellos mismos? Pues, como mínimo, que no habría película, no habría ninguna gran historia que contar, que al final es de lo que va también la vida.

 

2 conclusiones y un ejercicio para ponerte en marcha

Como en los viejos cuentos hay dos moralejas en todo esto:

 

  1. a veces pensamos que eso que sentimos, esa inquietud, esa insatisfacción es un capricho, algo que sólo nos pasa a nosotros o algo que debemos aprender a acallar. Sin embargo, a menudo puede estar indicándonos que estamos actuando sin tener en cuenta aquello que es importante para nosotros, nuestros valores, nuestras prioridades, nuestras necesidades. Y puede ser que tus valores no encajen con lo que se espera de ti o con lo que tomaste como el camino obvio aunque ahora veas que no encaja contigo.En el caso de Vaiana -aunque sea ficción representa un caso en parte extrapolable a la vida real-, ella tenía la necesidad de explorar, la aventura, el aprendizaje, descubrir… todo eso formaba parte de lo que ella era y necesitaba tener en su vida y la opción que le invitaban a seguir no era compatible con eso que ella era. Así que, si el mar no se levanta para señalarte o no tienes una abuela que te descubra un lugar lleno de barcos, siempre puedes hacer una revisión a lo que es importante para ti y ver qué es lo que no encaja con tu vida actual, con lo que estás haciendo, además de buscar una manera de encajarlo.Eso no implica dejarlo todo de un día para otro siguiendo una intuición, sino simplemente conocerte mejor y buscar opciones para ver cómo hacer compatible progresivamente lo que eres, lo que es importante para ti, con lo que haces cada día.
  2. Sin acción no hay historia. O dicho de otra forma: si haces cosas, pasan cosas. Si haces cosas que van en la dirección de lo que quieres, pasan cosas que van en la dirección de lo que quieres. Puedes empezar por algo sencillo y los resultados te irán dando la motivación necesaria para seguir. Tampoco te rindas a la primera. Si actúas una vez y no pasa nada relevante, haz una segunda cosa y una tercera, sigue intentando si tienes claro el objetivo, porque todo ese aprendizaje es probablemente necesario. Es necesario saber qué no funciona para llegar a lo que sí funciona, pero sobre todo, para avanzar: haz. Y cuando baje la motivación, sigue haciendo para que pasen cosas. Esto es algo que me digo a mí misma cuando sucede, no lo digo desde la postura de aquel al que le parece muy fácil hacer, no sabe lo que es el bloqueo o no tiene miedo a equivocarse, en absoluto. Sino desde la comprensión total de qué es todo eso y desde haber experimentado lo liberador que es romper el cascarón por un pequeño agujero para verse capaz de hacer el agujero cada vez más grande.

 

Para ayudarte a llevar un poco de toda esta teoría a la práctica, te propongo un ejercicio de papel y lápiz:

Coge una libreta y empieza a escribir tu historia como si fueras un personaje. Explica cómo te sientes, encuentra cosas en común en tu trayecto hasta el lugar donde estás.

A partir de ahí, piensa en qué podrías hacer para que la historia progrese en la dirección que quieres, para que tu personaje viva más en coherencia con lo que siente que es o quiere ser.

Deja de lado el censor, escribe todo lo que salga, vacíate, libérate y luego relees e intentas poner en claro qué te ha revelado ese texto. ¿Has descubierto algo que te indique qué te motiva, qué te apetece, hacia dónde podrías empezar a caminar? Coge eso, lo que sea, una pequeña pista o una revelación y, por último, piensa en algo que podrías hacer al respecto. Desde buscar información de personas que estén haciendo lo que tú quieres hacer, hasta formación, hasta una lista de posibles pasos a dar o una manera sencilla de incorporarlo cada día en tu vida.

Espero que te sirva y que lo hagas tantas veces como lo necesites. Y para los momentos en los que la confianza decaiga, siempre puedes volver a una de estas películas (referentes culturales más elevados tampoco están contraindicados).

Escríbeme aquí si te apetece que te ayude a encontrar las palabras de tu historia

¿Qué te enciende?

A menudo se hace difícil creer en la propia voz, esa que nos llama con más o menos insistencia en una u otra dirección. La que nos dice que quiere cambiar algo, aunque no siempre especifique qué o por dónde empezar. La que nos hace saber cuándo estamos a gusto y sintiéndonos vivos y cuándo marchitándonos por momentos.

Se hace difícil creer en la propia voz o incluso escucharla, seguir los pasos de aquello que te mueve, tus deseos más profundos, lo que algunos llaman sueños, tu intuición o tu vocación, sin dejar que se desinflen ante la desconfianza ajena y los miedos propios, sentirse libre y capaz de vivir como te gustaría.

 

 

Sin embargo, a veces, incluso más difícil que creer en esa voz, es oírla con nitidez para saber realmente qué queremos. Por eso es tan importante aprender a escucharse y darse la licencia de hacerlo, poner orden y distancia y decir en voz alta o escribir en un papel: yo quiero hacer esto, yo quiero vivir así, yo quiero ser éste y empezar a serlo desde ese momento, empezar al menos a dar los pasos para conseguirlo.

Por eso es tan importante saber rebuscar en el silencio lo que te hace vibrar, aquello que estás llamado a hacer porque te hace sentir vivo, encendido y feliz, en tu elemento, como diría Ken Robinson.

Para ayudarte he creado un programa en el que combino las herramientas del coaching con las de la escritura y el mindfulness, que nos ayudan a profundizar en la exploración y la escucha. Con ellas puedo acompañarte para encontrar tus propias respuestas para vivir más en coherencia con lo que eres y quieres ser, o incluso para empezar a descubrirlo.

Si ya sabes que lo que buscas es reinventarte profesionalmente pero necesitas definir tu mensaje, qué ofreces, quién eres, qué te hace único, para que conecte contigo y con aquellos a los que ayudas, entonces te acompaño en un proceso de consultoría de comunicación.

Y si eso que quieres es incorporar la escritura a tu vida, para vivirla más feliz, más consciente, más intensamente, también me encantará ayudarte.

Escríbeme y explícame qué necesitas para que veamos juntos cómo te puedo ayudar, seguro que merece la pena que te dediques este tiempo y este espacio a ti misma o a ti mismo.

Estás a un clic de ponerte en marcha para cambiar algo

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