Escritura de viernes y la siesta

En el viaje de este verano, en el que hubo bastantes horas de coche, de vez en cuando una niña de 4 años preguntaba: “¿volveremos a pasar por este sitio?”

Al principio respondíamos con dudas, desde el asiento de delante, “bueno, tal vez, nunca se sabe…”. Cuando estás de viaje es fantástico pensar que tal vez nunca volverás a ese lugar para intensificar el valor de la experiencia. Estarás en otros, asistirás a otras escenas, todo nuevo siempre.

Por eso mismo, cuando alguna vez regresas, parece casi un milagro, algo insólito, una especie de viaje en el tiempo. Nos pasó en varias ocasiones esta vez.

El caso es que la niña lo preguntaba muy a menudo, hasta que nos dimos cuenta de que siempre coincidía con el momento antes de dormirse en el coche. “Si vamos a volver a pasar, me duermo. Si no, sigo despierta, no me voy a perder ni este tramo de autopista…”. Ése era el razonamiento.

Al entenderlo, nuestras respuestas pasaron a ser contundentes, para facilitarle conciliar el sueño, claro: “Sí, por supuesto, volveremos a pasar otro día, puedes dormirte”.

Algo así pasa en la vida, cada día, decidimos mantenernos despiertos o adormecernos en función de lo extraordinario que consideremos lo que tenemos delante.

Nos adormecemos hasta tal punto que a veces olvidamos incluso a dónde íbamos, porqué, en qué momento dejó de parecernos extraordinario lo que nos rodeaba, en qué momento nos alejamos de esos ojos tan abiertos.

Cuando nos hacemos estas preguntas es que volvemos a estar despiertos, pero la sensación es equiparable a la de esas siestas que te pillan de improvisto, como si el sueño te hubiera robado unas horas sin tu consentimiento. “¿Cuánto he dormido? ¿Diez minutos, tres horas?” Por suerte la infancia se encarga de lanzarnos agradables jarros de agua fría de vez en cuando.

PD: el coaching, la escritura o el mindfulness no son equiparables a los razonamientos de ninguna niña despierta, pero sí que tienen la capacidad de ayudarnos a tomar conciencia, a vivir preguntándonos qué queremos y empezar a actuar en consecuencia, honrando el viaje.

PD2 : si te apetece ver más claro qué quieres, aprender a escucharte o incorporar algo en tu vida que hace tiempo que te planteas, consulta aquí las propuestas abiertas en este momento.

PD3: vivan las siestas escogidas

Con la A… Autoexigencia y antídotos – Apúntate a las nuevas propuestas

Durante las vacaciones hice una lista de palabras por orden alfabético de temas sobre los que se podría escribir con el objetivo de hacernos la vida más fácil y placentera, a partir de conocernos mejor e ir tomando consciencia de aspectos que nos condicionan en mayor o menor medida, ya sea porque tienen mucho que ver con nosotras o porque tienen mucho que ver con la cultura en la que vivimos. 

 

La primera palabra que surgió, con la A, y que surge en muchos procesos de coaching, es autoexigencia. Así que empiezo con ella esta serie, que es un diccionario de básicos, un fondo de armario al que echar mano en caso de no saber qué ponerte cualquier día para sentirte mejor. 

 

No voy a usar el recurso de acudir a la RAE, al menos no en el primer texto, sino a la metáfora, para definir la autoexigencia como un látigo. Un poco extremo, te dirás, puede ser. Llamémosle entonces espada de Damocles, una especie de amenaza constante si no llegas al estándar que tú misma/o has declarado como el mínimo aceptable

 

Y ahí suele estar la trampa, en el mínimo aceptable, por un lado, y en que, el no llegar implique la amenaza de un látigo o una espada. Hay otra manera de llevarse a alcanzar los objetivos, de ser buena persona, buena amiga, buena madre/padre y de definir en qué consiste esto. 

 

Hay otra manera, suave, serena, comprensiva, amorosa, de llevarnos hasta ahí y hay otra manera de fijar estándares que no vayan siempre a más, que no impliquen elegir entre ser un semidios o estar condenado a sentir de forma crónica el “no llego”.  

 

En coaching, a menudo se habla de excelencia en contraposición a la exigencia. Querer hacer las cosas bien, con excelencia (sin compararte ni competir con nadie, sino en el sentido de hacerlas lo mejor que puedas), no implica que no puedas equivocarte y aprender. Es más, a menudo pasa por ahí.

 

No implica que a veces sientas que no llegaste, pero sí implica que cuando no llegas no hay látigo, sino aprendizaje y también reconocimiento de lo que sí lograste o intentaste, no sólo de lo que no. 

 

Por otro lado, la excelencia no implica perfección. A menudo la autoexigencia lleva a buscarla y eso nos sitúa en un callejón sin salida, ¿cómo salir de ahí si no puedo salir hasta que alcance algo que es inalcanzable? También conlleva mucha culpa, en lugar de simplemente responsabilidad. Sí, vale, me he equivocado, entra dentro de lo admisible, ¿qué puedo hacer a continuación?

 

El permiso para equivocarse, para no estar siempre acertada, para no ser siempre productiva, para hacerlo mal y luego aprender de ello, nos viene de serie, desde que nacemos. ¿De qué otro modo, si no, podríamos avanzar?

 

Tomémoslo, hagamos uso de él, saltemos a la comba con el látigo y hagamos una banderilla de olivas y pepinillos con la espada. Esta es una imagen de choque para cuando salte la alarma de la autoexigencia, imaginarte una banderilla de encurtidos o a ti saltando a la comba, porque implican conceptos incompatibles con ella: alegría, juego, permiso,…

 


Antídotos

Siguiendo con la A, en la otra cara de la moneda, situaría a la autocompasión, una forma amable y amorosa de tratarse que ha demostrado sus beneficios tanto en su aplicación a través del mindfulness como en terapia. Desearse todo lo mejor, tratarse como se trata a los seres amados, acompañarse, incluso abrazarse, es curativo y abre la puerta a otra forma de habitar la vida, de hacer el camino.

 

Está en nuestras manos diseñar cómo querernos, a partir de detectar qué necesitamos, de qué manera escucharnos, cómo detectar el sonido del látigo y neutralizarlo.

 

Si quieres darte un espacio para escuchar qué necesitas y cómo dártelo, que es una bonita forma de amarse, o acompañamiento para cambiar creencias que alimentan la autoexigencia, un espacio para conocerte mejor y tomar consciencia de cuál es el diálogo interior y cómo hacer que te cuide, te puedo acompañar. A través del coaching, la escritura y el mindfulness, en programas individuales -para trabajar exactamente lo que necesitas- o grupales -para compartir el camino-.

 

¿A qué puedes acceder en este momento?

1. Sesiones de coaching individuales, online o presenciales (si así lo acordamos y estás en Barcelona)

Se trata de que puedas acompañarte en este momento de tu vida para trabajar en lo que quieres cambiar, avanzar o vivir diferente.

Puede ser que quieras escucharte para hacer un cambio profesional, escucharte para ver más claro qué quieres y qué necesitas en este momento, para poder dártelo. Puede ser que quieras mejorar algún aspecto de tu vida con el que no acabas de sentirte satisfecha, recuperar un espacio para ti que sientes que has perdido, o empezar a hacer por fin eso que hace tanto tiempo que tienes en mente, pero no acabas de arrancar (desde escribir hasta lanzarte a hacer algo).

Antes de iniciar cualquier proceso de coaching, hacemos una sesión de exploración gratuita para que me expliques qué quieres trabajar y que yo te pueda explicar cómo te puedo acompañar. El objetivo es conocernos y asegurarnos de que esto sea lo que necesitas.

Quiero acceder a una sesión de exploración gratuita

2. El Club de escritura: La libreta de escribir

Para acompañarte a avanzar con el proyecto creativo que tengas en mente o simplemente para que te des un espacio cada 15 días para escribir, conectar con la creatividad y compartir.

 

Además de las sesiones grupales online, donde se escribe y se habla del proceso de escritura, tienes la opción de contar con sesiones individuales de coaching para desbloquear lo que no acaba de salir (una está incluida al unirte).

 

Porque de lo que se trata es justamente de que salga, de que escribas lo que quieras escribir y puedas superar los bloqueos que hayas podido encontrar hasta ahora o los nuevos que surjan, que puedas darle un lugar en tu vida a la escritura y la creatividad, si es algo que te enciende.

¿Dónde y cuándo?

 

  • Las sesiones del club son online los martes de 18.30h. a 20.00h., siempre petit comité, y las disfrutamos mucho.
  • Puedes asistir a 6 sesiones a partir de 120€ y, si quieres continuar, puedes renovar tu participación con nuevos packs de 6 sesiones.

Quiero escribir 🙂 Contacta aquí para saber cómo unirte


En noviembre: se abrirá un nuevo espacio de
Escritura para escucharte.

 

¿Qué es esto?

Esta propuesta es un camino de crecimiento, de autoconocimiento, de darte espacio para escucharte, escuchar qué necesitas, qué te está faltando en el día a día, de qué forma puedes tomar acción para sentirte mejor, tener mejores relaciones con tu entorno y contigo misma, cuidándote, revisando tu autoestima, cómo te valoras, cambiando cómo te hablas incluso sin darte cuenta y diseñando una vida apetecible, acorde a quién eres y quieres ser, a lo que para ti es importante porque te enciende.

 

Si sientes que te apetece, ve haciéndole un hueco.

¿Cómo funciona?

 

  • Son 7 sesiones grupales de 1h.30′ en las que te comparto una propuesta de escritura relacionada con el tema que vamos a trabajar en la sesión, relacionado con el autoconocimiento y la autoescucha.
  • A partir de lo que sale en la escritura, comentamos, compartimos y hacemos coaching grupal.
  • Entre sesión y sesión cuentas con materiales de coaching para que puedas seguir profundizando.
  • El programa incluye una sesión de coaching individual, para que puedas probarlo y sacarle más partido aún al proceso.
  • El horario lo determinaremos buscando la mejor hora para la mayoría de las personas interesadas, así tienes más posibilidades de no quedarte fuera por trabajo o conciliación.
  • El precio es 190€. Si eres suscriptora de la newsletter, tienes un descuento de 30€ si reservas tu plaza entre septiembre y octubre.

Quiero reservar mi plaza 🙂

Novedades para volver con ganas

“Hoy vamos al pueblo”

Esa frase era la puerta de salida de la aldea en la que me pasaba los veranos, una puerta que se abría muy de vez en cuando para devolvernos a conceptos como el de súpermercado o cabina de teléfonos.

Cuando se anunciaba una de esas salidas, empezábamos a planificar todo lo que podríamos hacer en ese espacio de posibilidades infinitas, de contacto con la civilización, de regreso al futuro.

“Yo aprovecharé para llamar”, anunciabas. Ese ritual implicaba no sólo hacer acopio de monedas y encontrar la cabina, sino elegir a quién llamar.

-¡Hola!, decías ya teléfono en mano, con tu voz adolescente, ¿está M?

Y a mil kilómetros de allí podía ser que tu amiga estuviera o que hubiera salido y se encontrara en la plaza de ese otro pueblo que conocías por aquella foto que te envió una vez por carta.

Si ella estaba en casa y podía ponerse al teléfono, hacías un repaso a todo lo que te había pasado, o no te había pasado, en ese lugar donde, la verdad, pasaban pocas cosas. Ella hacía lo propio, te devolvía imágenes de su realidad estival y vuestros mundos volvían a unirse por momentos.

Estos días he regresado a la aldea y algo me ha devuelto ese recuerdo, como el mar devuelve a veces objetos flotantes a la orilla, o simplemente los deja al descubierto cuando baja la marea.

La escritura tiene a veces el mismo efecto, empiezas y no sabes qué va a salir, qué hay debajo. En todo caso es fascinante descubrirlo. Casi tanto como establecer una conexión telefónica a 1.000 kilómetros de distancia y que tu amiga estuviera al otro lado.

Novedades

Las propuestas que vienen para volver con ganas

1. La libreta de escribir, un club de escritura

Como surgen las mejores cosas, este mes surgió algo que me rondaba hace mucho tiempo. No sabía cómo llamarle, pero es un club de escritura, así que por ahora lo llamaremos así, con un

apellido: La libreta de escribir (en otro email te cuento porqué).

Si hace tiempo que te apetece escribir, pero te cuesta ponerte por tu cuenta y te gustaría compartir un espacio para hacerlo, hablando de creatividad, compartiendo bloqueos, objetivos y avances y escribiendo como mínimo un texto en el tiempo que dura la sesión, escríbeme y te cuento.

Además, las sesiones de escritura se combinan con el acompañamiento del coaching para ayudarte a avanzar en tus objetivos literarios.

No es un espacio para aprender a escribir, sino un espacio para escribir, que es el primer paso para saber hacerlo cada vez mejor y, sobre todo, para disfrutar de ello.

Hoy tenemos la última sesión de este mes, pero en septiembre volvemos online, así que estás a tiempo de unirte.

Contacta aquí para saber cómo unirte

2. Propuesta presencial

Si te apetece algo presencial, también en septiembre / octubre, se abre grupo para la propuesta “Escritura y presencia”. Eso te lo cuento en otro rato, pero pregunta lo que quieras y te lo avanzo.

 

3. Coaching, date el espacio

¿La escritura es sólo para los letraheridos? Definitivamente no. Algo que me fascina es justamente contribuir a que personas que no están familiarizadas con ella, la descubran. En los procesos de coaching es muy poderosa entre sesión y sesión para ir más allá, más profundo, aunque nunca es algo obligatorio, cuando lo pruebas, quieres más.

Si hay algo que quieras conseguir y se está resistiendo, esa piedra con la que tropiezas de forma recurrente o una necesidad de parar a escucharte para ver más claro qué quieres, también en septiembre vuelven las sesiones de coaching. Pero si ya tienes claro que quieres iniciar un proceso, contacta conmigo ahora y lo acordamos con tiempo y con descuento.

 

¿Qué te llevarás?

¿Cómo estar más presente? Una propuesta de escritura o fotografía para pararnos a mirar

Mirar es uno de esos lujos a los que la fotografía nos invita. No sólo a mirar sino a habitar la mirada, habitar el espacio, ser conscientes de dónde estamos, es más: ser conscientes de que estamos. Estamos aquí, pero a veces la cabeza está tan arriba que no nos vemos los pies.

Vivir encendidos para mí tiene más de eso que de castañuela. Saberse despiertos, saberse aquí, mirar, apreciar, saborear. Y de ese modo, darnos cuenta también de cuándo nos aprietan los zapatos, para poder aflojarlos o cambiarlos o, directamente, descalzarnos. O lo que es lo mismo: introducir en nuestra vida lo que necesitemos para no tener la necesidad de huir, de evadirnos de forma sistemática para no ver.

Hoy la invitación pasa por ahí, por mirar alrededor, el espacio que habitas, literal y metafóricamente. Hay una propuesta de escritura para ello: hacer un recorrido por los espacios de tu mundo. Puedes escribir y también puedes recurrir a la fotografía. 

A mí me ha llevado a volver a ella un curso con el que jugar, reavivar la creatividad y la mirada. Ésta, de nubes y claros, en las que habitan nuestras cabezas junto con las golondrinas y las copas de los árboles, viene bien aquí, para recordarnos aterrizar de vez en cuando.

 

Si te apetece descubrir otras vías para volver a verte los pies y adónde te llevan, para saber qué quieres, por dónde empezar, cómo encontrar una sandalia a la medida de quién eres, te acompaño.

 

Para resolver cualquier duda puedes escribirme aquí o solicitar una sesión de orientación gratuita, aquí.

¿Cómo nos ayudan los cuentos? Nos lo explica la cuentoterapeuta Coco Cubells en esta entrevista

Uno de mis cuentos favoritos de niña, junto con El hombrecito de pan quemado (Gingerbread man, en inglés), era el de Las zapatillas rojas. ¿Qué me decía a mí ese cuento? ¿Qué efecto producía en mí? Leído ya de adulta la moraleja me pareció horrible, pero Coco Cubells, creadora del proyecto “Cuéntamelo por escrito”, tiene una explicación para todo ello.

Las zapatillas rojas también era uno de sus favoritos y ahora es experta en Cuentoterapia. ¿Cuentoterapia? Sí, experta en ayudar a través de los cuentos y del efecto que tienen en nosotras. Tras años de estudio y especialización, esta semana inundada de libros, cuentos e historias, se ha prestado a explicarnos justamente eso: ¿Cómo nos ayudan los cuentos? Tanto en la infancia como en la edad adulta.

Encontrarás todas las respuestas sobre este mundo fascinante en esta entrevista. Haz clic aquí para escucharla (es un audio así que te bastará con unos auriculares)

Si te apetece saber más sobre cuento terapia y ver el trabajo que hace Coco en Cuéntamelo por escrito, la encontrarás en:

La web: cuentameloporescrito.com

Instagram: @cuentameloporescrito y en Facebook con el mismo nombre

¡Que lo disfrutes! Seguiremos indagando sobre cómo nos pueden ayudar las palabras a #vivirencendidos. 

PD: Si te apetece que la escritura te ayude también a ver más claro, a entenderte, a conectar con lo que quieres, como lo hacían y lo hacen los cuentos, tienes un taller de escritura a punto de empezar, que será un antes y un después en tu autoconocimiento.

Seis propuestas de escritura para escucharte

Esto es lo que encontrarás en el vídeo con 6 propuestas para escucharte y vivir de forma más consciente y serena, sabiendo lo que quieres en este momento:

2 propuestas de escritura para vivir el presente

  • Las páginas de la mañana
  • y la crónica

 

2 propuestas para abrazar el pasado

  • Reescribe tu historia
  • y la carta

 

2 propuestas para descubrir y diseñar tu futuro

  • Un viaje al futuro sin spoilers pero con utopía
  • y tu yo sabio

 

 

Si hay algo que te gustaría mejorar en tu vida o sobre lo que te gustaría ver más claro, puedes pedir una sesión de valoración gratuita para conocernos y orientarte sobre cuál podría ser tu siguiente paso.

 

Un abrazo,

Natalia

Pide aquí tu sesión de orientación gratuita

Escritura y mindfulness

Hace mucho mucho tiempo, antes de ser madre (que es un poco como el A. C.) escribí un texto en el que hablaba de ese “estar sin más” que facilita la escritura. 

 

De hecho, después de haber ahondado en la teoría del estar presente, del mindfulness y la meditación, vienen a mi mente algunos otros textos en los que captaba justamente esa sensación. Algo que intuimos, que sentimos antes de que la teoría lo ratifique.

 

Es ese instante que la poesía congela, o una fotografía, o un retrato, ese instante en el que nos detenemos y regodeamos, en el que nos damos cuenta de lo que está sucediendo porque estamos en él, conviviendo con algún pensamiento que cruza pero no inundados en él hasta el punto de no recordar por qué camino hemos llegado a un lugar conocido. 

 

No recuerdo todos mis textos pero estos sí, no por el texto en sí sino por la sensación que fue su detonante. Esa sensación de darme cuenta, de constatar mi propia presencia. Los recopilo al final del artículo como una invitación a mirar por esa brecha, a la que en realidad es fácil acceder cuando le das permiso a la sencillez, a la monotarea, a mirar, escuchar, escribir, pintar o estar sin más.

 

Ejercicio de escritura para practicar la presencia

Para que puedas practicar tú también la presencia a través de la escritura, te propongo un ejercicio inspirado por la búsqueda de estos textos y el blog que aún los guardaba. Fue mi primer blog y en él escribí un diario brevísimo de una oliva negra. Y de eso va el ejercicio. Hay muchas maneras de estar presente a través de la escritura pero ésta invita a estar presente poniéndose en la piel de un observador externo y tangible. 

 

La primera vez que lo hice fue, en realidad, con un huevo. Fue en uno de los primeros talleres de escritura a los que asistía. Nos pidieron que lleváramos durante una semana un huevo encima y escribiéramos su diario. Fue muy divertido, pero debo reconocer que también un poco aparatoso, así que para repetir el ejercicio un tiempo después transformé el objeto en una oliva negra. También redondo, también con un punto de fragilidad, también nueva en esto de tener ojos. 

 

Te invito, si te apetece probar lo de mirar desde otros ojos y tener el reto de estar más presente (y a la vez reírte de lo extraño de la situación), a que cojas una oliva, un pistacho o cualquier objeto susceptible de ser digerido, con forma elíptica, que lo lleves contigo durante una semana y que cada día escribas su diario. Para ello, durante el día, recordarás su presencia, que está contigo y que es importante darse cuenta de qué está viviendo para poder narrarlo en su diario, con los detalles que le hayan sorprendido a lo largo del día, como sorprenderían a cualquiera al que acabaran de dotar de conciencia. 

 

PD para escépticos: los niños, que son los reyes del mindfulness, se pasan el día jugando. ¿Por qué no probarlo? Nadie tiene porqué saber que llevas un huevo o una oliva en el bolso que les está mirando.

 

Y ahora sí: los textos relacionados con esas ráfagas de presencia, conciencia y momento presente. Datan de 2011, 2007 y 2006, es decir 1, 5 y 6 A.M. (por seguir con el paralelismo del Antes de ser Madre). He aprendido mucho después de ellos. ¿Cómo no? Todos lo hemos hecho. Pero probablemente ya me estaban indicando algo.

 

Estar sin más

Escribir o morir en el intento de vivir sin letra, sin descanso para la multifunción, ese gran mal de nuestro tiempo. Porque es difícil estar sin más. Sin desdoblarse como lo hacía el alma del gato de Tom y Jerry alguna vez, que se iba del cuerpo y lo miraba desde fuera. A nosotros se nos va la cabeza lejos, pero ni siquiera se digna a constatar nuestra presencia. La cabeza no está, y nosotros, ¿quién sabe? Es difícil estar sin más y todo entero. En cambio, cuando escribes está todo, tiene que estarlo, la cabeza, los ojos y las manos por lo menos, y, si me apuras, toda la víscera, así que sólo quedarían por ahí sueltas las piernas, a no ser que apoyes el ordenador en ellas. Si lo haces, quedas recogido como un ovillo, como el feto que un día fuiste, estando sin más, dentro de una barriga.

 

Berberechos sin vinagre

El tiempo se queda corto para ser uno mismo. Desplegarse frente al mundo en su versión de berberecho -igual del revés que del derecho- a menudo se reduce al encuentro con amigos, amores, familias u onanismos (también mentales). Y uno se pregunta: ¿a dónde vamos a parar mientras tanto? ¿Si durante demasiadas horas no nos desplegamos seguiremos teniéndonos a mano? Con esta inquietud, últimamente me miro más a menudo las manos. Al principio sólo veo carne, otras veces las manos de mi abuela, pero, al final, mi misma ausencia me recuerda que esos ojos son los míos.

 

Alguna vez

¿Alguna vez has probado a dormirte con la respiración de tu hermana?

¿Y a dejarte caer hacia atrás en el agua después de hacer el pino?

¿Y a flotar? Seguro que has probado a flotar.

¿Alguna vez has pensado en dejar de oírte,

en oír sólo el sonido del tren,

o de las olas,

o el hilo musical?

¿Alguna vez has conseguido

hacer el silencio

y descubrir entonces

que tu único rastro

es una respiración?

¿Alguna vez has probado a dormirte?

Historias para encontrar respuestas

Resultado de imagen de vaiana

¿Qué tienen en común Vaiana, Cómo entrenar a tu dragón (2), Kung Fu Panda o El origen de los guardianes? A parte de ser películas que ves sobre todo si tienes hijos, tienen en común a protagonistas que buscan. Son personajes que intuyen que hay algo que les llama, lo intuyen o lo tienen claro pero, por diferentes motivos, no acaban de creérselo.

 

Po, el panda protagonista de Kung Fu Panda, no se lo cree hasta que el Maestro Oogway –la tortuga gigante- le señala con el dedo, e incluso después de eso sufre un acusado síndrome del impostor (creer que no eres lo suficientemente bueno y que aunque estés bien considerado como profesional todo es una cuestión de suerte y de que no saben que en realidad no eres tan bueno –si a alguien le suena, Aida Baida, una mentora excepcional, tiene un ebook-curso sobre ello-).

 

Vaiana, por su parte, antepone la voz de lo que otros le dicen que debe ser su destino: seguir los pasos de su padre y, en ningún caso salir al mar, que es lo que le pide el cuerpo desde niña y hasta el propio mar. Vaiana se apoya en su abuela para seguir su camino y es ella quien le da la pista necesaria para sentir que no se equivocará.

 

Hipo, el niño protagonista de Cómo entrenar a tu dragón (con una banda sonora maravillosa), siente que no encaja porque es enclenque en un pueblo de vikingos y en lugar de matar dragones como todos los demás, consigue establecer una relación con ellos que les permitirá volar juntos y descubrir nuevos confines. Pero hasta que eso no sucede lo que más siente es que no sabe de dónde viene, qué explica que él sea tan diferente.

 

Y ¿qué le pasa a Jack Escarcha? ¿Cuál es su centro? ¿Qué es lo que te hace ser tú mismo? Algo así le plantea el mismísimo Papá Noel cuando le pide que forme parte de su equipo para salvar el mundo (al menos el de la infancia) en El origen de los guardianes.

 

A todos ellos les falta una historia, una historia que les ayude a entenderse y todos encuentran a algún aliado que les ayuda a descubrirla. Pero antes de eso, antes de que se haga consciente y la historia salga a la luz, la intuición ya emitía destellos desde dentro. Ya sentían que había un camino que debían explorar, algo que les atraía de forma natural. Y, en el fondo, eso nos sucede también a las personas que buscamos, porque si buscamos es porque sentimos que hay algo que encontrar y lo que nos falta es sacarlo a la luz.

 

Indagar en nuestra historia, ponerle palabras a cómo hemos llegado hasta aquí es un buen ejercicio para empezar. Intentar unir los puntos de los que hablaba Steve Jobs en su mítica charla en Stanford, a partir de lo que ya hemos vivido, aunque no sepamos cómo se unirán en el futuro.

 

Hace poco trabajamos en esto con una amiga casi de infancia para definir los mensajes de su web y de su proyecto, en realidad, y fue un proceso muy bonito y revelador. Porque, con web o sin ella, da mucha serenidad que las palabras te ayuden a construir un sentido, a orientar tus porqués, cuál es el camino que te apetece explorar y cómo puedes empezar a hacerlo venciendo los miedos -que es cauto y normal que todos tengamos-.

 

Pero ¿qué hubiera pasado si Vaiana no hubiera salido al mar? ¿O si Jack Escarcha hubiera renunciado a su puesto como guardián por no atreverse a buscar dentro? ¿O si Hipo no hubiera conocido a Desdentado y hubieran explorado el mundo juntos? ¿O si Po hubiera vuelto al restaurante de fideos con su padre en lugar de acabar en la tercera parte de la película ayudando a otros a ser ellos mismos? Pues, como mínimo, que no habría película, no habría ninguna gran historia que contar, que al final es de lo que va también la vida.

 

2 conclusiones y un ejercicio para ponerte en marcha

Como en los viejos cuentos hay dos moralejas en todo esto:

 

  1. a veces pensamos que eso que sentimos, esa inquietud, esa insatisfacción es un capricho, algo que sólo nos pasa a nosotros o algo que debemos aprender a acallar. Sin embargo, a menudo puede estar indicándonos que estamos actuando sin tener en cuenta aquello que es importante para nosotros, nuestros valores, nuestras prioridades, nuestras necesidades. Y puede ser que tus valores no encajen con lo que se espera de ti o con lo que tomaste como el camino obvio aunque ahora veas que no encaja contigo.En el caso de Vaiana -aunque sea ficción representa un caso en parte extrapolable a la vida real-, ella tenía la necesidad de explorar, la aventura, el aprendizaje, descubrir… todo eso formaba parte de lo que ella era y necesitaba tener en su vida y la opción que le invitaban a seguir no era compatible con eso que ella era. Así que, si el mar no se levanta para señalarte o no tienes una abuela que te descubra un lugar lleno de barcos, siempre puedes hacer una revisión a lo que es importante para ti y ver qué es lo que no encaja con tu vida actual, con lo que estás haciendo, además de buscar una manera de encajarlo.Eso no implica dejarlo todo de un día para otro siguiendo una intuición, sino simplemente conocerte mejor y buscar opciones para ver cómo hacer compatible progresivamente lo que eres, lo que es importante para ti, con lo que haces cada día.
  2. Sin acción no hay historia. O dicho de otra forma: si haces cosas, pasan cosas. Si haces cosas que van en la dirección de lo que quieres, pasan cosas que van en la dirección de lo que quieres. Puedes empezar por algo sencillo y los resultados te irán dando la motivación necesaria para seguir. Tampoco te rindas a la primera. Si actúas una vez y no pasa nada relevante, haz una segunda cosa y una tercera, sigue intentando si tienes claro el objetivo, porque todo ese aprendizaje es probablemente necesario. Es necesario saber qué no funciona para llegar a lo que sí funciona, pero sobre todo, para avanzar: haz. Y cuando baje la motivación, sigue haciendo para que pasen cosas. Esto es algo que me digo a mí misma cuando sucede, no lo digo desde la postura de aquel al que le parece muy fácil hacer, no sabe lo que es el bloqueo o no tiene miedo a equivocarse, en absoluto. Sino desde la comprensión total de qué es todo eso y desde haber experimentado lo liberador que es romper el cascarón por un pequeño agujero para verse capaz de hacer el agujero cada vez más grande.

 

Para ayudarte a llevar un poco de toda esta teoría a la práctica, te propongo un ejercicio de papel y lápiz:

Coge una libreta y empieza a escribir tu historia como si fueras un personaje. Explica cómo te sientes, encuentra cosas en común en tu trayecto hasta el lugar donde estás.

A partir de ahí, piensa en qué podrías hacer para que la historia progrese en la dirección que quieres, para que tu personaje viva más en coherencia con lo que siente que es o quiere ser.

Deja de lado el censor, escribe todo lo que salga, vacíate, libérate y luego relees e intentas poner en claro qué te ha revelado ese texto. ¿Has descubierto algo que te indique qué te motiva, qué te apetece, hacia dónde podrías empezar a caminar? Coge eso, lo que sea, una pequeña pista o una revelación y, por último, piensa en algo que podrías hacer al respecto. Desde buscar información de personas que estén haciendo lo que tú quieres hacer, hasta formación, hasta una lista de posibles pasos a dar o una manera sencilla de incorporarlo cada día en tu vida.

Espero que te sirva y que lo hagas tantas veces como lo necesites. Y para los momentos en los que la confianza decaiga, siempre puedes volver a una de estas películas (referentes culturales más elevados tampoco están contraindicados).

Escríbeme aquí si te apetece que te ayude a encontrar las palabras de tu historia

¿Qué te enciende?

A menudo se hace difícil creer en la propia voz, esa que nos llama con más o menos insistencia en una u otra dirección. La que nos dice que quiere cambiar algo, aunque no siempre especifique qué o por dónde empezar. La que nos hace saber cuándo estamos a gusto y sintiéndonos vivos y cuándo marchitándonos por momentos.

Se hace difícil creer en la propia voz o incluso escucharla, seguir los pasos de aquello que te mueve, tus deseos más profundos, lo que algunos llaman sueños, tu intuición o tu vocación, sin dejar que se desinflen ante la desconfianza ajena y los miedos propios, sentirse libre y capaz de vivir como te gustaría.

 

 

Sin embargo, a veces, incluso más difícil que creer en esa voz, es oírla con nitidez para saber realmente qué queremos. Por eso es tan importante aprender a escucharse y darse la licencia de hacerlo, poner orden y distancia y decir en voz alta o escribir en un papel: yo quiero hacer esto, yo quiero vivir así, yo quiero ser éste y empezar a serlo desde ese momento, empezar al menos a dar los pasos para conseguirlo.

Por eso es tan importante saber rebuscar en el silencio lo que te hace vibrar, aquello que estás llamado a hacer porque te hace sentir vivo, encendido y feliz, en tu elemento, como diría Ken Robinson.

Para ayudarte he creado un programa en el que combino las herramientas del coaching con las de la escritura y el mindfulness, que nos ayudan a profundizar en la exploración y la escucha. Con ellas puedo acompañarte para encontrar tus propias respuestas para vivir más en coherencia con lo que eres y quieres ser, o incluso para empezar a descubrirlo.

Si ya sabes que lo que buscas es reinventarte profesionalmente pero necesitas definir tu mensaje, qué ofreces, quién eres, qué te hace único, para que conecte contigo y con aquellos a los que ayudas, entonces te acompaño en un proceso de consultoría de comunicación.

Y si eso que quieres es incorporar la escritura a tu vida, para vivirla más feliz, más consciente, más intensamente, también me encantará ayudarte.

Escríbeme y explícame qué necesitas para que veamos juntos cómo te puedo ayudar, seguro que merece la pena que te dediques este tiempo y este espacio a ti misma o a ti mismo.

Estás a un clic de ponerte en marcha para cambiar algo

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