Escritura y mindfulness

Hace mucho mucho tiempo, antes de ser madre (que es un poco como el A. C.) escribí un texto en el que hablaba de ese “estar sin más” que facilita la escritura. 

 

De hecho, después de haber ahondado en la teoría del estar presente, del mindfulness y la meditación, vienen a mi mente algunos otros textos en los que captaba justamente esa sensación. Algo que intuimos, que sentimos antes de que la teoría lo ratifique.

 

Es ese instante que la poesía congela, o una fotografía, o un retrato, ese instante en el que nos detenemos y regodeamos, en el que nos damos cuenta de lo que está sucediendo porque estamos en él, conviviendo con algún pensamiento que cruza pero no inundados en él hasta el punto de no recordar por qué camino hemos llegado a un lugar conocido. 

 

No recuerdo todos mis textos pero estos sí, no por el texto en sí sino por la sensación que fue su detonante. Esa sensación de darme cuenta, de constatar mi propia presencia. Los recopilo al final del artículo como una invitación a mirar por esa brecha, a la que en realidad es fácil acceder cuando le das permiso a la sencillez, a la monotarea, a mirar, escuchar, escribir, pintar o estar sin más.

 

Ejercicio de escritura para practicar la presencia

Para que puedas practicar tú también la presencia a través de la escritura, te propongo un ejercicio inspirado por la búsqueda de estos textos y el blog que aún los guardaba. Fue mi primer blog y en él escribí un diario brevísimo de una oliva negra. Y de eso va el ejercicio. Hay muchas maneras de estar presente a través de la escritura pero ésta invita a estar presente poniéndose en la piel de un observador externo y tangible. 

 

La primera vez que lo hice fue, en realidad, con un huevo. Fue en uno de los primeros talleres de escritura a los que asistía. Nos pidieron que lleváramos durante una semana un huevo encima y escribiéramos su diario. Fue muy divertido, pero debo reconocer que también un poco aparatoso, así que para repetir el ejercicio un tiempo después transformé el objeto en una oliva negra. También redondo, también con un punto de fragilidad, también nueva en esto de tener ojos. 

 

Te invito, si te apetece probar lo de mirar desde otros ojos y tener el reto de estar más presente (y a la vez reírte de lo extraño de la situación), a que cojas una oliva, un pistacho o cualquier objeto susceptible de ser digerido, con forma elíptica, que lo lleves contigo durante una semana y que cada día escribas su diario. Para ello, durante el día, recordarás su presencia, que está contigo y que es importante darse cuenta de qué está viviendo para poder narrarlo en su diario, con los detalles que le hayan sorprendido a lo largo del día, como sorprenderían a cualquiera al que acabaran de dotar de conciencia. 

 

PD para escépticos: los niños, que son los reyes del mindfulness, se pasan el día jugando. ¿Por qué no probarlo? Nadie tiene porqué saber que llevas un huevo o una oliva en el bolso que les está mirando.

 

Y ahora sí: los textos relacionados con esas ráfagas de presencia, conciencia y momento presente. Datan de 2011, 2007 y 2006, es decir 1, 5 y 6 A.M. (por seguir con el paralelismo del Antes de ser Madre). He aprendido mucho después de ellos. ¿Cómo no? Todos lo hemos hecho. Pero probablemente ya me estaban indicando algo.

 

Estar sin más

Escribir o morir en el intento de vivir sin letra, sin descanso para la multifunción, ese gran mal de nuestro tiempo. Porque es difícil estar sin más. Sin desdoblarse como lo hacía el alma del gato de Tom y Jerry alguna vez, que se iba del cuerpo y lo miraba desde fuera. A nosotros se nos va la cabeza lejos, pero ni siquiera se digna a constatar nuestra presencia. La cabeza no está, y nosotros, ¿quién sabe? Es difícil estar sin más y todo entero. En cambio, cuando escribes está todo, tiene que estarlo, la cabeza, los ojos y las manos por lo menos, y, si me apuras, toda la víscera, así que sólo quedarían por ahí sueltas las piernas, a no ser que apoyes el ordenador en ellas. Si lo haces, quedas recogido como un ovillo, como el feto que un día fuiste, estando sin más, dentro de una barriga.

 

Berberechos sin vinagre

El tiempo se queda corto para ser uno mismo. Desplegarse frente al mundo en su versión de berberecho -igual del revés que del derecho- a menudo se reduce al encuentro con amigos, amores, familias u onanismos (también mentales). Y uno se pregunta: ¿a dónde vamos a parar mientras tanto? ¿Si durante demasiadas horas no nos desplegamos seguiremos teniéndonos a mano? Con esta inquietud, últimamente me miro más a menudo las manos. Al principio sólo veo carne, otras veces las manos de mi abuela, pero, al final, mi misma ausencia me recuerda que esos ojos son los míos.

 

Alguna vez

¿Alguna vez has probado a dormirte con la respiración de tu hermana?

¿Y a dejarte caer hacia atrás en el agua después de hacer el pino?

¿Y a flotar? Seguro que has probado a flotar.

¿Alguna vez has pensado en dejar de oírte,

en oír sólo el sonido del tren,

o de las olas,

o el hilo musical?

¿Alguna vez has conseguido

hacer el silencio

y descubrir entonces

que tu único rastro

es una respiración?

¿Alguna vez has probado a dormirte?

Historias para encontrar respuestas

Resultado de imagen de vaiana

¿Qué tienen en común Vaiana, Cómo entrenar a tu dragón (2), Kung Fu Panda o El origen de los guardianes? A parte de ser películas que ves sobre todo si tienes hijos, tienen en común a protagonistas que buscan. Son personajes que intuyen que hay algo que les llama, lo intuyen o lo tienen claro pero, por diferentes motivos, no acaban de creérselo.

 

Po, el panda protagonista de Kung Fu Panda, no se lo cree hasta que el Maestro Oogway –la tortuga gigante- le señala con el dedo, e incluso después de eso sufre un acusado síndrome del impostor (creer que no eres lo suficientemente bueno y que aunque estés bien considerado como profesional todo es una cuestión de suerte y de que no saben que en realidad no eres tan bueno –si a alguien le suena, Aida Baida, una mentora excepcional, tiene un ebook-curso sobre ello-).

 

Vaiana, por su parte, antepone la voz de lo que otros le dicen que debe ser su destino: seguir los pasos de su padre y, en ningún caso salir al mar, que es lo que le pide el cuerpo desde niña y hasta el propio mar. Vaiana se apoya en su abuela para seguir su camino y es ella quien le da la pista necesaria para sentir que no se equivocará.

 

Hipo, el niño protagonista de Cómo entrenar a tu dragón (con una banda sonora maravillosa), siente que no encaja porque es enclenque en un pueblo de vikingos y en lugar de matar dragones como todos los demás, consigue establecer una relación con ellos que les permitirá volar juntos y descubrir nuevos confines. Pero hasta que eso no sucede lo que más siente es que no sabe de dónde viene, qué explica que él sea tan diferente.

 

Y ¿qué le pasa a Jack Escarcha? ¿Cuál es su centro? ¿Qué es lo que te hace ser tú mismo? Algo así le plantea el mismísimo Papá Noel cuando le pide que forme parte de su equipo para salvar el mundo (al menos el de la infancia) en El origen de los guardianes.

 

A todos ellos les falta una historia, una historia que les ayude a entenderse y todos encuentran a algún aliado que les ayuda a descubrirla. Pero antes de eso, antes de que se haga consciente y la historia salga a la luz, la intuición ya emitía destellos desde dentro. Ya sentían que había un camino que debían explorar, algo que les atraía de forma natural. Y, en el fondo, eso nos sucede también a las personas que buscamos, porque si buscamos es porque sentimos que hay algo que encontrar y lo que nos falta es sacarlo a la luz.

 

Indagar en nuestra historia, ponerle palabras a cómo hemos llegado hasta aquí es un buen ejercicio para empezar. Intentar unir los puntos de los que hablaba Steve Jobs en su mítica charla en Stanford, a partir de lo que ya hemos vivido, aunque no sepamos cómo se unirán en el futuro.

 

Hace poco trabajamos en esto con una amiga casi de infancia para definir los mensajes de su web y de su proyecto, en realidad, y fue un proceso muy bonito y revelador. Porque, con web o sin ella, da mucha serenidad que las palabras te ayuden a construir un sentido, a orientar tus porqués, cuál es el camino que te apetece explorar y cómo puedes empezar a hacerlo venciendo los miedos -que es cauto y normal que todos tengamos-.

 

Pero ¿qué hubiera pasado si Vaiana no hubiera salido al mar? ¿O si Jack Escarcha hubiera renunciado a su puesto como guardián por no atreverse a buscar dentro? ¿O si Hipo no hubiera conocido a Desdentado y hubieran explorado el mundo juntos? ¿O si Po hubiera vuelto al restaurante de fideos con su padre en lugar de acabar en la tercera parte de la película ayudando a otros a ser ellos mismos? Pues, como mínimo, que no habría película, no habría ninguna gran historia que contar, que al final es de lo que va también la vida.

 

2 conclusiones y un ejercicio para ponerte en marcha

Como en los viejos cuentos hay dos moralejas en todo esto:

 

  1. a veces pensamos que eso que sentimos, esa inquietud, esa insatisfacción es un capricho, algo que sólo nos pasa a nosotros o algo que debemos aprender a acallar. Sin embargo, a menudo puede estar indicándonos que estamos actuando sin tener en cuenta aquello que es importante para nosotros, nuestros valores, nuestras prioridades, nuestras necesidades. Y puede ser que tus valores no encajen con lo que se espera de ti o con lo que tomaste como el camino obvio aunque ahora veas que no encaja contigo.En el caso de Vaiana -aunque sea ficción representa un caso en parte extrapolable a la vida real-, ella tenía la necesidad de explorar, la aventura, el aprendizaje, descubrir… todo eso formaba parte de lo que ella era y necesitaba tener en su vida y la opción que le invitaban a seguir no era compatible con eso que ella era. Así que, si el mar no se levanta para señalarte o no tienes una abuela que te descubra un lugar lleno de barcos, siempre puedes hacer una revisión a lo que es importante para ti y ver qué es lo que no encaja con tu vida actual, con lo que estás haciendo, además de buscar una manera de encajarlo.Eso no implica dejarlo todo de un día para otro siguiendo una intuición, sino simplemente conocerte mejor y buscar opciones para ver cómo hacer compatible progresivamente lo que eres, lo que es importante para ti, con lo que haces cada día.
  2. Sin acción no hay historia. O dicho de otra forma: si haces cosas, pasan cosas. Si haces cosas que van en la dirección de lo que quieres, pasan cosas que van en la dirección de lo que quieres. Puedes empezar por algo sencillo y los resultados te irán dando la motivación necesaria para seguir. Tampoco te rindas a la primera. Si actúas una vez y no pasa nada relevante, haz una segunda cosa y una tercera, sigue intentando si tienes claro el objetivo, porque todo ese aprendizaje es probablemente necesario. Es necesario saber qué no funciona para llegar a lo que sí funciona, pero sobre todo, para avanzar: haz. Y cuando baje la motivación, sigue haciendo para que pasen cosas. Esto es algo que me digo a mí misma cuando sucede, no lo digo desde la postura de aquel al que le parece muy fácil hacer, no sabe lo que es el bloqueo o no tiene miedo a equivocarse, en absoluto. Sino desde la comprensión total de qué es todo eso y desde haber experimentado lo liberador que es romper el cascarón por un pequeño agujero para verse capaz de hacer el agujero cada vez más grande.

 

Para ayudarte a llevar un poco de toda esta teoría a la práctica, te propongo un ejercicio de papel y lápiz:

Coge una libreta y empieza a escribir tu historia como si fueras un personaje. Explica cómo te sientes, encuentra cosas en común en tu trayecto hasta el lugar donde estás.

A partir de ahí, piensa en qué podrías hacer para que la historia progrese en la dirección que quieres, para que tu personaje viva más en coherencia con lo que siente que es o quiere ser.

Deja de lado el censor, escribe todo lo que salga, vacíate, libérate y luego relees e intentas poner en claro qué te ha revelado ese texto. ¿Has descubierto algo que te indique qué te motiva, qué te apetece, hacia dónde podrías empezar a caminar? Coge eso, lo que sea, una pequeña pista o una revelación y, por último, piensa en algo que podrías hacer al respecto. Desde buscar información de personas que estén haciendo lo que tú quieres hacer, hasta formación, hasta una lista de posibles pasos a dar o una manera sencilla de incorporarlo cada día en tu vida.

Espero que te sirva y que lo hagas tantas veces como lo necesites. Y para los momentos en los que la confianza decaiga, siempre puedes volver a una de estas películas (referentes culturales más elevados tampoco están contraindicados).

Escríbeme aquí si te apetece que te ayude a encontrar las palabras de tu historia

¿Qué te enciende?

A menudo se hace difícil creer en la propia voz, esa que nos llama con más o menos insistencia en una u otra dirección. La que nos dice que quiere cambiar algo, aunque no siempre especifique qué o por dónde empezar. La que nos hace saber cuándo estamos a gusto y sintiéndonos vivos y cuándo marchitándonos por momentos.

Se hace difícil creer en la propia voz o incluso escucharla, seguir los pasos de aquello que te mueve, tus deseos más profundos, lo que algunos llaman sueños, tu intuición o tu vocación, sin dejar que se desinflen ante la desconfianza ajena y los miedos propios, sentirse libre y capaz de vivir como te gustaría.

 

 

Sin embargo, a veces, incluso más difícil que creer en esa voz, es oírla con nitidez para saber realmente qué queremos. Por eso es tan importante aprender a escucharse y darse la licencia de hacerlo, poner orden y distancia y decir en voz alta o escribir en un papel: yo quiero hacer esto, yo quiero vivir así, yo quiero ser éste y empezar a serlo desde ese momento, empezar al menos a dar los pasos para conseguirlo.

Por eso es tan importante saber rebuscar en el silencio lo que te hace vibrar, aquello que estás llamado a hacer porque te hace sentir vivo, encendido y feliz, en tu elemento, como diría Ken Robinson.

Para ayudarte he creado un programa en el que combino las herramientas del coaching con las de la escritura y el mindfulness, que nos ayudan a profundizar en la exploración y la escucha. Con ellas puedo acompañarte para encontrar tus propias respuestas para vivir más en coherencia con lo que eres y quieres ser, o incluso para empezar a descubrirlo.

Si ya sabes que lo que buscas es reinventarte profesionalmente pero necesitas definir tu mensaje, qué ofreces, quién eres, qué te hace único, para que conecte contigo y con aquellos a los que ayudas, entonces te acompaño en un proceso de consultoría de comunicación.

Y si eso que quieres es incorporar la escritura a tu vida, para vivirla más feliz, más consciente, más intensamente, también me encantará ayudarte.

Escríbeme y explícame qué necesitas para que veamos juntos cómo te puedo ayudar, seguro que merece la pena que te dediques este tiempo y este espacio a ti misma o a ti mismo.

Estás a un clic de ponerte en marcha para cambiar algo

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