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¿Qué tienen en común Vaiana, Cómo entrenar a tu dragón (2), Kung Fu Panda o El origen de los guardianes? A parte de ser películas que ves sobre todo si tienes hijos, tienen en común a protagonistas que buscan. Son personajes que intuyen que hay algo que les llama, lo intuyen o lo tienen claro pero, por diferentes motivos, no acaban de creérselo.

 

Po, el panda protagonista de Kung Fu Panda, no se lo cree hasta que el Maestro Oogway –la tortuga gigante- le señala con el dedo, e incluso después de eso sufre un acusado síndrome del impostor (creer que no eres lo suficientemente bueno y que aunque estés bien considerado como profesional todo es una cuestión de suerte y de que no saben que en realidad no eres tan bueno –si a alguien le suena, Aida Baida, una mentora excepcional, tiene un ebook-curso sobre ello-).

 

Vaiana, por su parte, antepone la voz de lo que otros le dicen que debe ser su destino: seguir los pasos de su padre y, en ningún caso salir al mar, que es lo que le pide el cuerpo desde niña y hasta el propio mar. Vaiana se apoya en su abuela para seguir su camino y es ella quien le da la pista necesaria para sentir que no se equivocará.

 

Hipo, el niño protagonista de Cómo entrenar a tu dragón (con una banda sonora maravillosa), siente que no encaja porque es enclenque en un pueblo de vikingos y en lugar de matar dragones como todos los demás, consigue establecer una relación con ellos que les permitirá volar juntos y descubrir nuevos confines. Pero hasta que eso no sucede lo que más siente es que no sabe de dónde viene, qué explica que él sea tan diferente.

 

Y ¿qué le pasa a Jack Escarcha? ¿Cuál es su centro? ¿Qué es lo que te hace ser tú mismo? Algo así le plantea el mismísimo Papá Noel cuando le pide que forme parte de su equipo para salvar el mundo (al menos el de la infancia) en El origen de los guardianes.

 

A todos ellos les falta una historia, una historia que les ayude a entenderse y todos encuentran a algún aliado que les ayuda a descubrirla. Pero antes de eso, antes de que se haga consciente y la historia salga a la luz, la intuición ya emitía destellos desde dentro. Ya sentían que había un camino que debían explorar, algo que les atraía de forma natural. Y, en el fondo, eso nos sucede también a las personas que buscamos, porque si buscamos es porque sentimos que hay algo que encontrar y lo que nos falta es sacarlo a la luz.

 

Indagar en nuestra historia, ponerle palabras a cómo hemos llegado hasta aquí es un buen ejercicio para empezar. Intentar unir los puntos de los que hablaba Steve Jobs en su mítico discurso en Stanford, a partir de lo que ya hemos vivido, aunque no sepamos cómo se unirán en el futuro.

 

Hace poco trabajamos en esto con una amiga casi de infancia para definir los mensajes de su web y de su proyecto, en realidad, y fue un proceso muy bonito y revelador. Porque, con web o sin ella, da mucha serenidad que las palabras te ayuden a construir un sentido, a orientar tus porqués, cuál es el camino que te apetece explorar y cómo puedes empezar a hacerlo venciendo los miedos -que es cauto y normal que todos tengamos-.

 

Pero ¿qué hubiera pasado si Vaiana no hubiera salido al mar? ¿O si Jack Escarcha hubiera renunciado a su puesto como guardián por no atreverse a buscar dentro? ¿O si Hipo no hubiera conocido a Desdentado y hubieran explorado el mundo juntos? ¿O si Po hubiera vuelto al restaurante de fideos con su padre en lugar de acabar en la tercera parte de la película ayudando a otros a ser ellos mismos? Pues, como mínimo, que no habría película, no habría ninguna gran historia que contar, que al final es de lo que va también la vida.

 

Escríbeme aquí si te apetece que te ayude a encontrar las palabras de tu historia