Como sucede con tantas otras cosas en la vida, a menudo lo más difícil para que algo suceda es empezar. Aunque visto con distancia el primer paso probablemente sea anecdótico -no será el más difícil técnicamente, el que requiera más conocimiento o el que implique a más personas-, sí es el más decisivo. También en el caso de un cambio laboral o de un cambio en la manera de vivir, en los espacios y el tiempo que dedicas a lo que te llena, a lo que te enciende o te conecta con lo que eres y quieres ser.

 

A veces lo más difícil es definir justamente eso, qué es lo que quieres, qué es lo que echas de menos, porque sabes que hay algo que falla pero no sabes por dónde empezar, cómo acotarlo y definir una estrategia para cambiar la situación.

 

 

La sensación de ir dando tumbos

 

Esa dificultad para definir qué es lo que quieres, hace que un día te levantes pensando que vas a hacer A y mañana estés convencido/a de que es Z lo que tienes que hacer, pero sin que ninguna de las dos opciones te convenza, ni te ayude a salir del estancamiento en el que te sientes. Sin que ninguna de ellas haga ese clic que se da cuando encuentras una de esas respuestas que vienen de dentro, que están alineadas contigo.

 

 

No hay sólo una respuesta

 

No quiere decir que haya sólo una respuesta, ni que una sea la buena y el resto, caminos equivocados. Pero antes de elegir entre A y Z, tal vez está bien pararse y hacer una revisión desde la raíz. Pararte, escucharte, ver qué conecta contigo y qué es lo que te mueve, para ir en esa dirección.

 

Tal vez no sepas el nombre del pueblo con nombre extraño al que vas a llegar -nunca dejan de sorprenderme cuando viajo por carretera- pero al menos sabrás que vas en dirección al sur, o al norte, o al este, con las múltiples opciones que hay tomando ese camino, pero con la tranquilidad de que vas en un sentido que encaja contigo.

 

 

Calmar el agua

 

A veces no es obvio encontrar esa dirección, incluso cuando en el fondo lo sabes, tu yo sabio que se manifiesta en ocasiones especiales sabe lo que quieres. La respuesta o las respuestas están ahí dentro, pero tienes que llegar hasta ellas. Es algo así como un mensaje escrito bajo una capa de agua, para leerlo primero hay que limpiar el agua y después lograr que esté en calma, entonces aparecerá con nitidez (la imagen no es mía, es muy recurrente pero a mí me ayuda a visualizar este concepto de forma muy sencilla).

 

 

Mirar al destino

 

Una vez que tienes una primera orientación de qué es lo que te guía, lo que te emociona, lo que te mueve… y puedes dar como mínimo algún paso más de los que estabas dando hasta entonces, es el momento de dejar de mirar a lo que no quieres, a lo que te incomoda, a lo que estás ansioso por dejar atrás (por ejemplo un trabajo en el que no te encuentras bien o te sientes estancado) y empezar a mirar a lo que sí quieres.

 

 

Puede que no sea inmediato

 

Como introducir el cambio que quieres en tu vida no es siempre algo inmediato no es extraño que nos impacientemos, que pensemos incluso que no hay nada que hacer, que es imposible, pero si alguien te asegura que llegarás a él, tu capacidad para llegar hasta él aumenta y no sólo eso, cambia totalmente la energía con la que afrontas cada día.

 

Para lograrlo es muy motivador visualizarte habiendo conseguido el objetivo, cerrar los ojos, respirar, imaginarlo y sentirlo con todo el cuerpo, como yo si ya fuera una realidad y recurrir a esa imagen, a esas sensaciones siempre que la duda aceche, siempre que te haga preguntarte ¿y esto, para qué? ¿de verdad crees que vale la pena?

 

Quien dice la duda, dice también alguien cercano que no acaba de ver claro lo que quieres, sin ninguna mala intención sino simplemente porque no es acorde a sus valores, no es algo que él haría, pero sí es algo que tú quieres hacer.

 

Ante la duda propia y ajena, intenta visualizar una y otra vez adónde te diriges, y escucha también a las voces que te animan a hacerlo, que probablemente serán, como mínimo, tantas como las que no, pero siempre parece que suenen más bajito.

 

Más allá de la visualización y del convencimiento, hay una frase que a mí me resulta muy inspiradora, un antídoto a la procrastinación y al no actuar porque “total, queda tan lejos”. La frase es esta: “Dentro de un año, te alegrarás de haber empezado hoy”. Es poderosa para tomar perspectiva y para nutrir a la paciencia, porque aunque no sea mañana, si empiezas hoy, estarás más cerca.

 

 

Confiar

 

¿Pero quién me lo puede asegurar? ¿Quién me puede asegurar que conseguiré introducir el cambio que quiero en mi vida? ¿Que llegaré al lugar al que defina que quiero llegar? ¿Que voy a conseguir exactamente lo que me proponga? En mi opinión, nadie te lo puede asegurar. Pero sí que hay algo en tu mano, por un lado actuar en esa dirección, por otro (no sin lo primero), confiar.

 

Porque puedes afrontar el proyecto con miedo, es normal, pero el miedo no invita a moverse sino que tiende a paralizar (o a hacernos salir corriendo, en su otra versión). No está mal como indicador de aquello de lo que queremos protegernos, para conocernos mejor, para analizar los riesgos, pero, una vez escuchado, es mejor dejarlo, si no atrás, sí a un lado. Puede acompañarnos pero no ponerse en medio del camino.

 

Para sustituirlo, para convencerle de que se haga a un lado, es necesario confiar. ¿Pero confiar en qué? En lo que quieras, en que saldrá bien, en que la vida está contigo, en que si ese camino te llama es porque algo tienes para aprender en él.

 

¿Qué es lo peor que puede pasar? Esta respuesta es importante, porque no todo vale, claro. Hay que tener presente que lo peor que puede pasar, también puede pasar, y no hay que obviarlo, ni actuar de forma inconsciente. Pero normalmente la respuesta a esta pregunta es más tranquilizadora que alarmante cuando hablamos de introducir un cambio progresivo en tu vida. Si la respuesta a la pregunta es que lo peor que puede pasar es que no llegues al destino, que no lo consigas. La contrarespuesta te vendrá sola y es que tampoco llegarías si no te movieras, tampoco llegarás si no avanzas hacia allí. Y, sobre todo, puedes hacerlo paulatinamente.

 

Como mínimo aprenderás, como mínimo, si no es el camino que buscabas, tendrás uno para descartar. Por eso es importante confiar. Porque si confías, das espacio a que entren nuevos paisajes en tu vida, nuevos aprendizajes, experiencias, historias. Si confías das espacio a proyectos ilusionantes y, de eso se trata, de vivir intensamente, ilusionado, con brillo en los ojos y el miedo, como mucho, al lado.

 

 

Caminar con consciencia

 

Y una vez con todos colocados en su sitio: el miedo, la duda, la impaciencia, el estancamiento. Una vez que estás mirando hacia el destino, es momento de revisar equipaje. Llevar buen calzado, soltar lo que nos sobra, elegir cómo nos relacionamos con los compañeros de viaje, qué pensamientos nos van a acompañar, cómo nos vamos a cuidar, cómo vamos a seguir escuchándonos en la travesía para seguir decidiendo alineados con lo que queremos cuando llegue el momento. Para estar presentes, darnos cuenta de por dónde pasamos y disfrutar las vistas.

 

He pasado por todas las estaciones que describo y, de hecho, para ser sinceros, me paso de vez en cuando por ellas de nuevo. La duda, la impaciencia, el miedo… están ahí, pero también el destino y la ilusión que genera. A partir de todo lo aprendido en el camino, de todas las herramientas que fui metiendo en la mochila (coaching, mindfulness, escritura como cómplice de los descubrimientos), creé el programa 7 pasos para vivir encendidos.

 

Con el objetivo de ayudarte a parar un momento y escucharte, compartiendo contigo las herramientas para hacerlo, para decidir por dónde empezar sabiendo a dónde te gustaría llegar y hacerlo de una forma más serena y consciente, acompañado para llegar más fácilmente, incluso cuando el viaje sea hacia adentro.

 

Si sientes que te ayudaría contar con un apoyo para ganar claridad en este proceso, puedes explicarme en qué punto te encuentras y vemos cómo te puedo ayudar o, si no es el caso, intento orientarte sobre otras posibles opciones. 

 

Puedes escribirme aquí para explicarme en qué punto te encuentras y ver cómo te podría ayudar